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Mensaje por M. Siedah Devereux el Lun Feb 04, 2013 1:26 pm

Return to hear your wonderous stories

"Estuvo sentada según ella por unos cuántos minutos en aquella cómoda cama, sin embargo, sus cercanos le insistieron que en realidad fueron tres horas. ¡Qué locura!, no sabían de lo que hablaban. Pero ya no estaría más sentada, tendría que encontrarse con alguien... Había tenido un sueño y no lo pasaría por alto. [...] Así fue entonces, como se dirigió al castillo, le habían comentado que la princesa Relena estaba libre y desarmando un telar que hace años había hecho, al parecer, para comenzar uno nuevo... Sus ideas fluían muy rápido y no se perdonaría nunca dejarlas escaparse..."


Cesaron las palabras tras esos marcados puntos suspensivos y la pluma de pronto cayó suavemente sobre lo escrito; la castaña había estado escribiendo otro de sus cuentos y repasando un poema que había hecho unas semanas antes, sin embargo, tarde o temprano habría tenido que detenerse, ya que al parecer la familia saldría por diversos motivos. Sus padres habían quedado con visitar a unos amigos y por su parte, no les negaría ese rato de diversión, se lo merecían. Pero eso conllevaba a, bien se quedaba en casa con sus hermanas, bien salía con ellas al centro comercial a sus antojos... Y eso sí que no sonaba para nada confortante. Siedah quería a sus hermanas y había tenido la ventaja de últimamente no haber hecho nada demasiado "estúpido" como para que ellas la volvieran a calificar frente a sus padres de "la vergüenza familiar", se había salvado en pocas palabras, pero eso no le restaba mérito a lo odiosas que se podían poner y a la gran carga que debería llevar si se le ocurría ir con ellas. Las conocía bien. Por eso convenció a sus padres para que la dejaran salir, sola, pues tenía pensado ir a encontrarse con una amiga; y aunque costó un poco, lo consiguió. ¡Vaya salvación! Mas, era de notar que lo hacía por el bien común: así sus hermanas salían e iban a donde quisieran, juntándose con medio mundo si se les venía en gana... Y ella, evitaba ser el bichito raro... una vez más.

Ya era momento de salir. La castaña se cambió de ropa y guardó todo lo que había ocupado para la página de ese nuevo cuento, pues le había llegado la inspiración y por ese motivo, se había dado todo el tiempo del mundo para hacer una creativa decoración; al estar completamente lista, cogió su bolso, habiéndolo ordenado con todos los uteles imprescindibles para ella, además de su infaltable diario, y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba fuera de su casa, en compañía de sus hermanas. Las acompañaría hasta cierto punto para luego retirarse por su camino, a otro lado de la ciudad. El viento de aquella mañana estaba fresco y parecía llenar los pulmones de la joven con inspiración, o con alegría. Sus pasos eran ni muy rápidos ni muy lentos, pues de todas formas no tenía prisa, sino, más que nada eran las ansias de ver a su mejor amiga que la tenían en ese estado de, de vez en cuando querer apresurarse. No obstante, Los Hamptons parecía poner mil y un obstáculo en su caminar, con sus maravillosas calles, tiendas y vistas; Siedah tenía su objetivo claro, pero como un verdadero semáforo que cambia de color, se encontró de la nada viendo una revista juvenil. Tenía unas cuantas en casa, le gustaban principalmente por los tips que salían, que podían ser de diferentes temas: belleza, salud, datos curiosos del mundo, sobre la adolescencia y sobretodo, acerca de música y moda. No se consideraba una loca preocupada solo de ella misma, mas le gustaba curiosear en ocasiones aspectos que desconocía o dejaba pasar de su misma gente. Y bueno, en el sentido de la música siempre se iba a lo más clásico, ya que de la actualidad habían muy pocas bandas que le interesaban de verdad.

Tras haber profundizado una con sus ojos marrones-caramelo, se decidió en comprarla. Esperó su turno, mientras otras jovencitas compraban otra y hablaban con gran deleite sobre una banda juvenil de chicos, eran las típicas fans que se hacían novias de los famosos, con la típica frase de "¡soy su novia, pero él todavía no lo sabe!"; y eso hizo volar la imaginación de la castaña: ¿qué se sentiría ser así? ¿se enterarían ellos de todo lo que las chicas podían hablar de ellos... por no decir que se pasaban todo el día haciéndolo?. Inevitablemente, una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro al imaginarse aquello, y con audacia la convirtió en una sonrisa dulce al encontrarse por fin con la vendedora, para pedirle la revista que tenía en mente. Luego del buen trato, pagó con alegría su venta y así continuó por fin su camino– Bien, me he distraído mucho... Ahora sí que voy a lo mío –Se llamó la atención a sí misma.

La loft de Rebecka no quedaba tan lejos, o quizás así lo veía Siedah al estar apunto de llegar. Más que a preguntarle algo, esta vez, iba por querer visitarla. Hacía unas cuántas semanas había dejado de verla, por asuntos familiares y personales de ambas, así que como hace poco se había enterado que estaba libre y en casa, no dudó en ser a ella a la primera que visitaría, quería que fuera una sorpresa, por lo que no le había dado ningún previo aviso antes. Al solo hecho de pensar en su expresión, se sonrió más ampliamente y suspiró con entusiasmo. Repentinamente, sus pies se detuvieron frente a una gran puerta: había llegado. La castaña golpeó la puerta con precisión y esperó pacientemente a que ésta fuera abierta. Realmente, esperaba hallarla bien y sin alguna ocupación, para no serle alguna molestia indebida...


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Re: ஐ`•Return to hear your wonderous stories ║Rebecka║

Mensaje por Rebecka L. Masaryk el Miér Feb 06, 2013 11:19 pm



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El castaño cabello de la menuda chica calló sobre sus hombros con un leve movimiento de sus manos. Estaba alborotado y sumamente enmarañado, pero no había remedio, acababa de levantarse. Meditaciones de primer hora en la mañana se paseaban por su cabeza, un bostezo se escapó de sus finos labios y elevó los brazos hacia arriba, buscando estirarse. Se dejó caer sobre la cama y su delicado cuerpo rebotó sobre las sábanas de seda que cubrían su cama. Allí se quedó por unos instantes, mientras se decidía por levantarse. El reloj a penas daban las siete treinta y Rebecka ya tenía puesto su conjunto deportivo para salir a trotar un rato. Al volver a The Hamptons había comprado un loft cerca de la playa, así poder a correr cada mañana en aquel sitio. El deporte le hacía poder comenzar cada día de mejor humor, o al menos, ese era el fin que le daba la joven de cabellos castaños. Su calzado deportivo se enterraba sobre la arena con cada paso, su respiración agitada y su cuerpo cubierto de sudor eliminando sus toxinas; aquella actividad era renovadora para Rebecka. La música en su i-pod la trasportaba a otro sitio, lejos de todo lo malo que pudiese haber en su vida. Y es que, cierto era el hecho de que la música nos ayudaba a expandir nuestros horizontes y cambiar nuestros estados de ánimo.

Al volver a su loft ya eran pasadas las ocho, tiró su i-pod sobre el sillón y no pudo esperar ni un segundo más para quitarse las zapatillas. Abrió el agua para dejar que la bañera se llene, mientras volvía a la cocina y encendía la cafetera. Se despojó de su pesada ropa y se sumergió en el tibio agua de la bañera. No contaba con demasiadas obligaciones el día de hoy, sería uno más de la rutina, me pasaría todo el día en casa escribiendo. Había encendido el estéreo antes de adentrarme al baño, Vivaldi y sus hermosas cuatro estaciones me acompañaban mientras me aseaba y relajaba. Podría haberse quedado siglos allí, dentro de la bañera, pero terminó saliendo y cubriendo su menudo -aunque bien formado- cuerpo en una inmaculada toalla.

Tras vestirse con un cómodo short de jean gastado y una simple musculosa negra, se dirigió hasta la cocina para servirse una taza de café caliente. Colocó su notebook sobre su escritorio de cedro negro y la abrió con delicadeza, sabiendo que allí estaría el relato que había comenzado anoche con cierta vagueza, un trabajo que debía revisar y continuar en estos momentos. Se sentó y tomó un sorbo de su café antes de que sus largos dedos comenzaran a danzar sobre el teclado. Se quedó paralizada por un segundo, observando sus propias manos, el hecho de que tocaba el piano desde temprana edad se hacía evidente si veías con detenimiento. Se levantó presipitadamente y caminó al otro lado de la sala. Allí, en la otra esquina, yacía un piano de cola blanco. Descubrió el teclado y se sentó, jamás había tocado en público, pero siempre que estaba sola el instrumento le seducía.

Se perdió entre las notas hasta oír que alguien tocaba la puerta. Frunció el ceño, no tenía idea de quién podría llegar a ser, no esperaba visitas. Volvió a cubrir las teclas del piano precipitadamente antes de caminar hasta la puerta. Abrió y una inmensa sonrisa se dibujó en su rostro -¡Siedah!- Le abrazó afectuosamente por un breve instante, era bueno verla. -Pasa, pasa.- le invitó tomándola del brazo delicadamente y casi empujándola dentro de su loft. El lugar, como siempre, estaba en perfectas condiciones; todo aquel que conociera bien a la castaña sabía que era una maníaca del orden y la limpieza. Rebecka dio unos pasos la frente, esperando que aquella adolescente, que alguna vez había creído su hermana menor perdida le siguiera. -Me ha sorprendido tu visita querida.- Le dijo a la vez que extendía su mano al frente, enseñándole el sillón, esperando que su amiga se siente para hacerlo ella después. -No ha pasado nada malo ¿Cierto?- Cuestionó, así solía ser ella, muy propia a la hora de hablar, atenta, pero no era para nada fría; allí estaba aquella jovial sonrisa acompañándola regalando alegría.

-¿Quieres algo de beber? Sabes que para tí puedo preparar lo que sea.- Las comisura de sus labios se arquearon y elevaron una vez más, dando paso a una sonrisa. En ese instante recién recordaba su taza de café, aquella que había dejado a la mitad por su cesión con el piano, aquella que sin duda debía estar helada a estas instancias.
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Re: ஐ`•Return to hear your wonderous stories ║Rebecka║

Mensaje por M. Siedah Devereux el Jue Feb 07, 2013 11:12 am

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En su leve espera, los pensamientos no parecían detenerse jamás, pues cada objeto que observaba le servía para meditar sobre éste, recordar algo relacionado a ello o simplemente, imaginarse alguna situación... Como era el caso de aquella mancha en el tronco del árbol de la casa contigua. La vio una vez y cuando retornó su vista a ésta, entrecerró relativamente su mirada dándole una significativa forma: una niña agachada al parecer, recogiendo flores en compañía de algo, que no distaba mucho de tener una semejanza con un perro quizás. Entonces, su mente le dio más vida y la recreó de manera más apacible; podía tratarse de alguna niña que viviese en el campo, a quien le habrían mandado a cultivar algunas semillas en compañía de su inseparable perro... Pero en su labor, habría aprovechado recoger algunas flores, encontrándose además con algún tesoro increíble y nunca antes visto. Una sonrisa se dibujó en su rostro con entusiasmo y miró una vez más el tronco, para grabarse la imagen de su escena y así tal vez más tarde, dibujarla y otorgarle su poema o historia correspondiente.

Muchas veces le habían dicho que perdía el tiempo en esas cosas, que era absurdo y era tonta por fijarse en cosas así, o peor aún, en imaginarse tremenda escena con algo tan insignificante. Era uno de los comentarios que a Siedah por normalidad, la ponían mal y la hacían reflexionar mucho de sí misma, mas, no había que desacreditar a las personas que siempre se sorprendieron de su imaginación y la habilidad que tenía para crear en pocos minutos una increíble historia... Y unas de esas personas había sido Rebecka. Apretujó un poco más los tirantes de su mochila mediana, cuando escuchó que la puerta se abrió y posteriormente, una dulce voz la apeló. Dirigió su mirada al presente y sonrió ampliamente– ¡Rebby! –Exclamo, a los pocos segundos del saludo de la otra castaña; y como ella, rodeó su cuerpo –evidentemente, más alto que el de ella– con sus brazos en un cálido abrazo, para luego separarse con suavidad– ¡Muchas gracias! –Se dispuso a entrar a la localidad, gracias a la confianza que le propuso la joven– Con permiso... –Musitó cortésmente. El prominente olor a flores, de un comienzo acogió a la muchacha, permitiéndole recordar lo agradable y cómoda que era esa loft, en gran parte, por la dedicación y cuidado que le daba su excelente dueña. Y cada vez que avanzaba, parecía maravillarse más, por más que ya hubiera estado dos o tres veces pasadas en dicho hogar.

Se aproximaron a la sala de estar y tras la señal de la morena, Siedah se acercó obedientemente al sofá, sentándose con delicadeza, al instante en que se quitaba su mochila, dejándola reposar sobre sus piernas– Gracias –Agradeció en tono suave y la contempló un tanto risueña– ¡Ese era mi plan! Sorprenderte, por lo visto lo conseguí –Rió ligeramente con cierto toque de inocencia. Negó después, suavemente y lo confirmó con una sonrisa alegre– ¡No, para nada! Solo que como mis padres iban a salir... Y mis hermanas irían al centro comercial, pedí que me dejaran salir... Así que, decidí venir a verte... –Asintió con su cabeza– Espero haber llegado en un momento bueno y no haberte interrumpido... Lamento si lo he hecho –Entrecerró su mirada, expresando su de pronta inseguridad, pero a la vez, disculpándose notoriamente.

Por increíble que sonara, si a la castaña le hicieran escoger entre pasar un día con sus hermanas o con Becka, casi sin un respiro previo preferiría la segunda opción. Le traía más buenos momentos estar con la encantadora joven, pues en parte, era como la hermana mayor que ella siempre soñó tener; situación que no podía solo soñar, ya que cuando solía frecuentarse con ésta por cuestiones de dudas literarias, la gente a sus alrededores insistían en que eran hermanas, por su parecido físico y la manera en que congeniaban tan bien. Y eso muchas veces, le hacía pensar a Siedah que posiblemente en otra vida, pudieron haberlo sido. Tosió un poco– Oh, algo para beber... ¡Si, me encantaría! ¿Tienes jugo de frutas? Me vendría muy bien, por favor –Contestó con otra sonrisa dulce. No habría tomado en cuenta que su organismo estaba necesitando algo de refresco hasta que la morena se lo mencionó; y estaba segura que no había nada mejor que un exquisito jugo de fruta, pues ella era muy dada a eso, si salía a algún lugar, restaurant o donde fuese, siempre solía pedir algún jugo de fruta... Y si era de frambuesa, mucho mejor.


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Re: ஐ`•Return to hear your wonderous stories ║Rebecka║

Mensaje por Rebecka L. Masaryk el Lun Feb 11, 2013 2:24 am



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La sorpresa de tener a Siedah en casa no había hecho más que brindar alegría a la joven de cabellos castaños. La verdad era, que casi siempre se encontraba sola en aquel amplio loft que ella misma había comprado, pero la visita de la adolescente hacía que el espacio se llenase de calidez y un ánimo jovial que a Rebecka le costaba mantener de a momentos. Para la mayor mirar a la joven que tenía enfrente era como mirar un retrato, se veía a ella, a su misma edad, antes de dejar The Hamptons y marcharse a Alemania. Aquella sonrisa sincera y su expresión tan inocente, sin conocer lo cruel que podía ser la vida cuando se proponía jugar con tu destino. Sin duda, mirar a Siedah, no provocaba en la castaña deseos más de querer proteger a la adolescente como si fuera su propia hermana.

Una sonrisa se había dibujado en su rostro al escuchar que le había querido sorprender, sin duda Rebecka le guardaba un gran cariño sin importar lo corto del tiempo que llevaba en conocerla. -Seguro linda, ha sido una sorpresa más que agradable.- Respondió con sinceridad a la vez que se cruzaba de piernas. Observó a la joven mientras hablaba, mientras trataba de excusarse por haber irrumpido en su hogar, pero no hacían falta disculpas ni explicaciones. La visita de la joven simplemente le llenaba de alegría y era aquello lo único que importaba en el momento. -Querida, no tienes porqué preocuparte, jamás serás molestia para mí. Además, me alaga que prefieras pasar el día conmigo antes que con tus hermanas.- Confesó, mientras por la activa imaginación de la castaña se pasaba la idea de que realmente pidieran ser hermanas o, al menos, lo habían sido en otra vida.

Sonrió al escuchar la respuesta de la menor y se puso de pie rápidamente para no hacer esperar demasiado a su amiga. -Jugo de fruta será entonces.- Afirmo y caminó unos pocos pasos hasta la cocina, dedicándole una recelosa mirada a su piano en el trayecto. Abrió la heladera y sacó arándanos, frutillas, kiwis y frambuesas; sí, la castaña era del tipo de mujer que disfrutaba de todos aquellos pequeños y exóticos frutos, aunque debía aceptar le prefería acompañados de crema. -Sabes...- Comenzó a decir a la vez que lavaba los frutos y se disponía a introducirlos en la juguera -Cuando llegaste interrumpiste el encuentro con un viejo amigo- Negó con la cabeza y encendió la juguera solo con las frambuesas, sabía que Siedah lo prefería así. -Hace mucho tiempo solía tocar el piano.- Confesó sin esperar respuesta alguna de la muchacha. -Ha decir verdad aún lo hago, pero solo en compañía de mi soledad.- Siguió diciendo mientras le acercaba el vaso de jugo de frambuesa a su amiga -¿Azúcar?- Le cuestionó amablemente antes de volver a la cocina y meter el resto de las frutas dentro de la juguera.
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