Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

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Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Rebecka L. Masaryk el Mar Ene 29, 2013 2:31 am

NIGHT TURN COLD

And your heart does no more but remember
Un suspiro ahogado se escapó de mis labios e inundó la sala. Me había pasado toda la tarde frente al ordenador, tratando de terminar el último capitulo de una novela que estaba escribiendo. El reloj daba las 11pm, definitivamente hoy no finalizaría el escrito. Desganada, me puse de pie y caminé hasta el baño, donde encendería el agua de la bañera para darme un baño relajante. Las horas se me habían volado aquella tarde, a penas y podía creer que faltaban minutos para que terminara el día. Me despojé de mi ropa y me sumergí en la bañera. No quería pensar, pero era inevitable. Las memorias azotaban mi mente y no hacían más que traerme malos recuerdos. Comenzaba a convencerme, tener una buena memoria era la peor de las torturas.

No pasaría la noche en casa o, por lo menos, saldría unas horas, quería olvidar todo lo que tanto me agobiaba. Tomé uno de mis vestidos negros y me lo puse, un básico, que junto con unos zapatos escarlata quedarían geniales. ¿Quién dijo que las escritoras no sabían de moda? Definitivamente se había equivocado. Tomó una de sus carteras prada a tono con los zapatos y las llaves de su bugatti antes de salir de su loft. La noche vestía su mejor traje en esta ocasión, un cielo azul oscuro infinito y estrellas por donde quiera que se volteara a ver. La castaña esbozó media sonrisa antes de hacer rugir el motor del deportivo y lanzarse a las salvajes calles de The Hamptons. Tenía en claro donde quería ir, aunque siquiera sabía si aquel sitio seguía existiendo. Definitivamente allí seguía. Detuve mi auto a escasos metros de aquel Bar, "La Nottie".

La noche era fría -para ser verano- acompañada por una gélida brisa que hacía que mi piel se crispara, sentí no haber traído un abrigo en aquel momento. Sin pensarlo demasiado, me adentré al bar y caminé directo a la barra. Pedí una botella de brandy francés, para ser más exacta Coñac. Había probado aquella bebida durante mi viaje por el mundo, al parar en Francia, y había sido de mi especial agrado desde el primer momento. Tome la copa su fuste, con la palma de mi mano orientada al cáliz, para mantener el brandy en su correcta temperatura. Al beber, el líquido quemó mi garganta, pero amaba aquella sensación. Sabía, que aquello me haría olvidar, me haría ignorar la realidad por lo menos un rato. Alcé la mirada y recorrí el salón, estaba lleno de niñatos. ¿Siquiera se molestaban en pedir identificación? Pregunta estúpida, yo misma había estado aquí con diecisiete años o menos. Esbocé una sonrisa, tenía buenas memorias en aquel sitio, pero todo lo bueno traía lo malo y mis memorias de Alemania volvían. Bebí un largo trago de brandy y posé la copa sobre la barra. Idiota, siquiera el alcohol podía hacerme olvidar ahora.
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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Cedric O. Brandon el Miér Ene 30, 2013 6:18 pm

Ahí estaba. En eso se había convertido mi vida ahora. ¿En qué momento? No estaba seguro, después de Clarissa, eso sí lo recordaba con facilidad; sus labios gruesos que se abrían con el mínimo roce de mi lengua, y su larga y rizada melena, color oscuro, que descansaba siempre sobre su cintura de una manera exquisitamente femenina. Recordar a Clarissa resultaba incluso más fácil que recordar a mi padre, a mi madre, y sus deseos tan contrarios a lo que yo había elegido para mí mismo y en cierta manera había pasado más tiempo sin ella que sin ellos sí, pero también la había querido con más intensidad. Tenía una hermana a la que ni siquiera conocía y no había nadie en el mundo que pudiera leerme con facilidad, ahora que ella ya no estaba. Ni siquiera el psicólogo al que se suponía que tenía que dejar tratarme. A lo mejor por eso me escondía para, cada noche que se me antojaba y la vivienda unifamiliar me ahogaba sobremanera, salir a beber. Ni siquiera tenía un bar fijo, concreto, prefería que nadie pudiese conocerme, iba y venía por una y otra calle hasta que encontraba el lugar adecuado ¿y después? Después simplemente bebía. Era tan sencillo que casi podía considerarse una operación matemática.

Esa noche, tras haber pasado más de media tarde que no me correspondía en el hospital, entre informes y preparación para los nuevos estudiantes de prácticas, no iba a ser diferente. Vagué por las calles hasta encontrarme con un bar de frente, uno en el que nunca había estado, grupos de adolescentes se congregaban junto a la puerta y eso, precisamente, fue lo que terminó de convencerme. No había posibilidad en el mundo de que nadie pudiese reconocerme. Prácticamente lancé la cazadora de cuero contra el perchero de la entrada, rebuscando ya en el bolsillo de los vaqueros un billete con el que pedir, y a veces dejar propina a cambiar de no tener que escuchar preguntas; fruncí el ceño al ver algo que no me gustó, la barra estaba ocupada totalmente, sin un taburete libre en el que poder dejarme caer, de manera que cuando visualicé a una pequeña morena sentada a mi derecha, sola y parecía que sin esperar a nadie, me impuse a ella rodeando su diminuta cintura con mis brazos.

-Lo siento señorita, pero está ocupando mi sitio-susurré, tirando de ella contra mí, de tal manera que su espalda estaba repentinamente pegada a mi pecho, y con total tranquilidad la bajé de su cómodo asiento, retirando mis manos de su cuerpo una vez conseguí mi objetivo. No la conocía de nada y no me interesaba hacerlo, pero era un hombre de costumbres y por regla general esas costumbres se reducían a conseguir lo que quería. Y en ese momento quería un sitio libre en la barra. Eché un vistazo a la bebida que estaba consumiendo la morena y sonreí de lado, pidiéndole al camarero algo más fuerte, seguramente algo que una mujer no aguantaría: -Whisky, la botella más vieja que tengas-ya que viejo solía asemejarse a caro, y por lo tanto a algo de calidad. Y con la clase de trabajo que tenía, ¿por qué no iba a permitirme lo mejor?
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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Rebecka L. Masaryk el Sáb Feb 02, 2013 10:32 pm

NIGHT TURN COLD

And your heart does no more but remember

Me había transportado a Alemania, a todo lo sucedido allí. El juicio, el homicidio, mi hermano que apenas me dirigió la palabra. El dolor volvía, se apoderaba de mi cuerpo y se ahogaba en el alcohol, en aquella botella de brandy francés que ya iba por más de la mitad. Parecía perdida, extraviada en mi propia realidad alucinante, desquiciante, casi esquizofrénica. Había momentos en los que dudaba de mi propia cordura, en mi aptitud para seguir viviendo esta vida. Quizás debería haberme perdido en mis delirios, en mis burdas fantasías, en mis más locos sueños; ya no ser consiente de mi pasado, de mi dolor, de todo aquello que me desgarra el alma de un solo saque. Sería más fácil, sí, pero no estaría dispuesta a vivir engañada de tal forma.

De repente, un brutal acto me trajo de vuelta a la realidad, de una forma tan molesta como lo hace un vaso de agua cuando estás medio dormido. Un hombre había rodeado mi cintura con su brazo y argumentado junto a mi oído que estaba ocupando su sitio. Me pareció bobo, incluso infaltil y mal actuado, pero antes de que pudiera responderle ya me había bajado de mi asiento. En esos momentos, me maldije por ser tan menuda, por poseer un cuerpo que podía ser fácilmente transportado por cualquier hombre. El asiento a un lado se desocupó en aquel mismo instante, una mujer y su ligue abandonaban el lugar dejando rastro de sus hormonas en cada paso que daban. Si quiera les miré a ellos o al hombre que me había robado el asiento, me gustaba evitar problemas, tener una vida tranquila, aunque mi interior fuese un caos. Con un simple movimiento traje lo que quedaba del brandy hasta mí y me serví una copa. Mecí el licor sobre la palma de mi mano y bebí un breve sorbo.

-Una medida de Whisky serviría como disculpa- Dije en voz alta para que el hombre junto a mí me escuchara. Giré la silla un poco hacia su dirección a la vez que elevaba mi mirada para observarlo. Mi mundo se detuvo, en aquel momento mi corazón se detuvo y le puso play a todos los recuerdos. -Gustav...- El nombre se escapó de su boca y la copa había ido a parar al suelo. Oh dios, debía estar soñando, esto debía ser una pesadilla ¿Podía estar frente a un fantasma?. Jamás había creído en historias de terror, pero estaba frente a una en este mismo instante. Sentí mi cuerpo quebrarse por completo, aún así la taquicardia hacía que mi pecho casi se saliera de mi cuerpo. Alcé mi pálido rostro y busqué al barman con la mirada, no lo pude ver, quizás porque casi sentía la vista perdida. Deseaba huir, largarme de aquel lugar en ese mismo instante pero mi cuerpo no reaccionaba. Maldije internamente, no tenía idea de lo que pasaba, no podía creer... ¿Realmente era el? ¿Qué mierda estaba pasando?. Que jodida era la vida, en ocasiones parecía haberse convertido en una película de terror, de esas que solo te animas a ver en el cine en compañía del ser amado.

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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Cedric O. Brandon el Mar Feb 05, 2013 8:02 am

Sonreí sin poder evitarlo al escuchar la réplica de la pequeña morena a la que había bajado del asiento hacía escasos segundos, las mujeres de hoy día tenían que tener la última palabra en todo y me hacía cierta gracia, sobre todo viniendo de alguien que no había protestado lo más mínimo ante mi evidente mala educación; me giré ligeramente interesado hacia ella, a punto de replicarle que en realidad no tenía la menor intención de pedirle disculpas, estaba esperando algo que no iba a llegar, pero antes pasé mi mirada por ella de arriba abajo. No solía fijarme en las mujeres, no desde Clarissa, pero tampoco estaba ciego. La chica no era precisamente de estatura baja, pero sí menuda, delgada y con una cintura diminuta sobre la que, por alguna razón, quería poner mis manos en ese mismo instante. Piernas imposiblemente largas por debajo del vestido. Morena, piel bronceada, rostro redondo y enormes ojos castaños. Sexy y sí, para qué negarlo, preciosa. Una lástima que yo nunca hubiera sido el tipo de hombre que se lleva a la cama a nadie en la primera noche.

Mi boca se abrió, seguramente para decir algo ingenioso, cuando un ruido consiguió distraer mi atención y fruncí el ceño al comprender que había sido la morena quien había dejado caer su copa al suelo. Estaba pálida, incluso siendo difícil como era para una chica con esa piel, y no podía evitarlo, era una persona desagradable pero mi instinto médico podía más, si estaba sufriendo una bajada de tensión o algo parecido era mi obligación atenderla incluso fuera de mi lugar de trabajo: -¿Se encuentra bien?-quise saber, apoyando una mano en su espalda para sujetarla por si seguía el mismo camino hacia el suelo que la copa, y con la otra mano presioné el tórax, por debajo de su pecho, indicando: -Respire-me giré inmediatamente hacia el camarero y sugerí: -Creo que le vendría mejor un vaso de agua que esta botella de coñac-estaba haciéndome cargo de la situación cuando nadie, ni siquiera la implicada me lo había pedido, pero esa era mi manera de ser: -Ahora-le gruñí al camarero, esperando no tener que mostrarle mis credenciales para asegurarle que sabía de lo que hablaba, aunque tampoco había que ser demasiado inteligente para percatarse de que aquella chica no se encontraba bien, pero tampoco podía esperar eso de todo el mundo.

Me retiré despacio, una vez empujé el vaso de agua que había pedido hacia la morena, y me quedé mirándola con suspicacia, ya que la chica parecía haber pasado una especie de trance: -¿Qué le ocurre? Cualquiera diría que ha visto un fantasma-resoplé en mi tono burlón habitual, apoyando mi barbilla sobre una mano y mi codo en la barra, mirándola con mayor interés que antes.
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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Rebecka L. Masaryk el Miér Feb 06, 2013 2:04 am

NIGHT TURN COLD

And your heart does no more but remember

Su rostro... el rostro de aquel hombre era el retrato viviente de mi difunto ex-marido. Sus facciones perfectas y masculinas, sus tentadores labios marcados, su delicada piel caucásica y aquellos expresivos ojos transparentes, que tantos años me habían mantenido atrapada. No podía dejar de observarlo, no podía quitar la vista de su figura, me mantenía atrapada como un imán, como la primera vez que había visto a Gustav... ¿Era esto un sueño? ¿O era la más temible de mis pesadillas? Imposible, debía estar volviéndome loca, estar aún más desquiciada de lo que ya sospechaba. Esquizofrenia... ¿Sería posible que la padeciera?, de otro modo, ¿Cómo podía en estos momentos estar observando al hombre que me había abandonado, que se había robado mi corazón y luego hecho pedazos con su homosexualidad? No había para esto otro nombre que locura. O, por lo menos, yo no podía encontrárselo.

A la vez que sus manos se posaban sobre mí con la intensión de sostenerme, innumerables escalofríos recorrían mi cuerpo y hacía que el temor me invada. No quería que me toque, no quería verlo ni un solo segundo más. No entendía porqué tenía que pasarme esto justo ahora, cuando creía que volver a The Hamptons le daría algo de tranquilidad a mi vida. La profunda voz del hombre frente a mía se oía lejos, aunque estaba a mi lado y sus palabras eran indescifrables ante el estado en el que me hallaba. Y era así que en mi interior la historia con Gustav se repetía una y otra vez hasta llegar al peor momento, cuando me dejaba y se marchaba con un hombre. Lamentaba haber sido lo suficientemente estúpida como para jamás notarlo y me ahogaba en lo que había sido mi propia idiotez.

Todo lo que pasaba en aquel bar, en este mismo momento, absolutamente todo me parecía ajeno, excepto aquel hombre, que me era familiar de forma terrorífica. Tomé el vaso de agua entre mis manos y lo observé como si se tratase de una obra de arte. No tenía sed, no de agua, pero igual bebí, hasta terminarlo, haber si aquella mezcla de hidrógeno y oxígeno podía apagar la fogata de emociones en mi interior. Oí aquel tono burlón que conllevaban las palabras del hombre y fruncí el ceño, no podía ser Gustav, aquel accionar no era propio de él. Miré fijo al clon de mi ex-marido y ahora, ya habiendo recuperado la cordura, pude notar que la tonalidad de sus ojos era distinta, aún así portaban la misma transparencia. Un suspiro se escapó de mi boca, con pesadez, liberando todas las emociones que se habían complotado en mi interior.

No le quité la vista de encima ni un segundo y cuando finalmente hablé realmente me arrepentí de hacerlo -¿Cómo te llamas? ¿Qué edad tienes?- Los interrogantes habían salido de forma tajante y precipitada, sin que yo siquiera llegase a procesarlos. -Lo siento, es que eres igual a... realmente eres muy parecido a...- No pude terminar la frase, entre el ridículo y el susto prefería irme. Me baje del asiento, pero cuando finalmente comencé a caminar mis pies se enredaron entre sí haciéndome caer al suelo. Había tenido malas noches, pero como esta, sin dudas, no había habido otra.

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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Cedric O. Brandon el Miér Feb 06, 2013 6:36 pm

Todo lo que me había llamado la atención la castaña de la barra, con su vestido corto y sus enormes ojos, lo estaba perdiendo en ese mismo instante, no sabía si catalogarla de lunática o de esquizofrénica aunque todavía tenía que observar algo más de ella para llegar a una conclusión, en cualquier caso sus preguntas no me agradaron, menos aún teniendo en cuenta el pequeño detalle de que ella tampoco se había presentado, ahora simplemente estaba rayando la mala educación y sí, por supuesto que se podría decir exactamente lo mismo de mí. Humor negro, sarcástico y carácter desagradable, ¿pero una señorita como ella? Había esperado otra cosa: -¿Qué pasa, es ahora de la policía secreta?-fruncí el ceño, negándome a responder a sus preguntas, normalmente no hablaba de mi edad con nadie y no porque tuviese un problema con los años, por considerarlo un tema personal.

Me quedé sorprendido al ver cómo la chica me dejaba allí sentado, después de tanto interés en mi vida, y más todavía cuando no pudo dar más de dos pasos antes de precipitarse hacia el suelo. Suspiré recogiendo mi cartera de la barra y le expliqué al camarero: -No he bebido nada-me encogí de hombros, sentía si había abierto la botella por mí pero no pensaba pagar sin haber probado siquiera una copa. Me levanté del taburete agachándome al lado de la chica, apoyando una mano sobre sus caderas para ayudarla a levantarse: -De acuerdo, usted va a decirme en este momento, exactamente qué ha consumido. Y yo consideraré oportuno acompañarla a casa o en su defecto a urgencias-no sabía si había bebido demasiado, aunque tampoco descartaba el consumo de drogas, menos todavía en el ambiente juvenil en el que nos encontrábamos pese a que la chica no era precisamente una adolescente. Me las arreglé para guiarla hacia la salida entre toda la gente, prácticamente tirando yo de ella cosa que no me resultaba demasiado complicado, a juzgar por su figura no me había equivocado con su peso corporal, sin embargo no pude evitar soltar quejas durante todo el camino hasta la puerta: -Lo que me faltaba ya. Hacer consultas fuera de mi horario de trabajo. ¿La gente por qué no sabrá vivir mejor, y haciendo peligrar menos su salud?-todo ello por supuesto en un tono bajo y amargado, más para mí mismo que para la chica que seguía entre mis brazos a pesar de que, con todo pronóstico, estaría siguiendo a la perfección el hilo de mis palabras.

Una vez conseguí salir, llevando a la castaña conmigo, le eché un vistazo con ojo crítico. Volví a suspirar al ver que estaba temblando, seguramente porque la tela escasa de su vestido no era suficiente para aislar su piel del frío de la noche y a regañadientes me deshice de mi cazadora para colocarla sobre sus hombros. Sería redondo si a la chica le diese una hipotermia: -¿Mareos? ¿Sudores fríos? ¿Nauseas? ¿Pérdida total o parcial de la visión?-enumeré rápidamente tratando de hacerme una idea general del diagnóstico, ya que sin instrumentos no podía hacer mucho más, ni comprobar el estado de su respiración o sus pupilas, como mucho podía comprobar su pulso con las manos pero seguía sin ser algo exacto.
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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Rebecka L. Masaryk el Sáb Feb 09, 2013 12:37 am

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Mi tropiezo no se había debido a la cantidad de alcohol que llevase en sangre, ni a una droga, o a cualquier razón que una persona cuerda pudiera atribuirle. El shock era demasiado como para poder manejarlo, como para poder controlar el accionar de mi cuerpo y mis pensamientos al mismo tiempo. Me había caído entre mis recuerdos a un abismo de emociones perturbadoras. El hombre, desconocido aún, me había tomado por la cintura ayudando a ponerme de pie. Se oía molesto, cada una de sus palabras eran severas, las entendía, pero no me atrevía a responder. Quizás, era mejor que pensara cualquier cosa, antes de confesarle la verdad. Si no le respondía podía conjeturar, pero jamás imaginarse lo que realmente pasaba.

Al salir, la gélida brisa de verano golpeó mi frágil piel e hizo que se crispara. Estaba segura, hacía aún más frío que cuando había bajado de mi buggati; o era yo, que en estos momentos me sentía más vulnerable. Inmutada como me hallaba en esos momentos, mis neuronas parecían por fin poder hacer sinapsis y pude comprender que no me hallaba más que frente a alguien sumamente parecido a Gustav. Aunque, a pesar de poder entenderlo el hecho de mirarlo a la cara seguía resultándome sumamente morboso, al igual, el haberlo conocido esta noche. Me perdí en mis pensamientos, quizás, porque no quería cruzar palabra con el azabache o tener que explicar mi anterior comportamiento. Rodeé mi cuerpo con mis brazos y maldije al jodido frío que aún a mitad del verano se hacía presente sin piedad alguna. Mi cuerpo temblaba, pero no podía hacer más que abrazarme a mi misma, me había olvidado el abrigo en casa.

Sentí la cazadora sobre mis hombros, aislando mi cuerpo del frío; mostrando un gesto cálido de un hombre que -por sus palabras- parecía sumamente frío. Supongo, no debemos basarnos siempre en las apariencias o juzgar a una persona por sus primeros movimientos. Dejé caer mi cuerpo sobre la pared y le observé por un momento, aún se me movía todo por dentro al verlo. Sus cuestionamientos llegaron a mis oídos, pero tardé en responderle. Recién en estos momentos caía en lo extraño que había sido mi comportamiento y en lo diferente que era el hombre a Gustav. -No es nada que precise tratamiento médico, lo prometo.- Comenté, esbosándo una sonrisa, tratando que mi rostro se iluminara aunque sea un poco y brindara algo de seguridad. -Es solo que usted es el retrato viviente de mi difunto ex-marido.- 'quien me dejó por un hombre y fue asesinado, oh, y también fui acusada de homicidio.' No podía decir aquello, era demasiada información, que no quería repetir en voz alta, que no quería recordar pero seguía repitiendo en mi memoria. Peiné mi cabello hacia atrás con mi diestra y me aferré a la cazadora cubriendo mi cuerpo. Me quedaba inmensa, -o quizás, era mi cuerpo demasiado menudo- y llevaba fielmente el perfume de su poseedor impresa en ella. Me regañé a mi misma por embriagarme ante el aroma que llevaba la prenda, es que el perfume masculino siempre había sido una de mis debilidades.

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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Cedric O. Brandon el Mar Feb 12, 2013 3:36 pm

No solía hacer aquello, a lo mejor porque fuera del trabajo nunca me había encontrado con mucha gente que necesitase mi ayuda, tenía muy claro que era ese tipo de doctores que pasaban el mayor tiempo posible fuera del hospital pero después, en cuanto ponían un pie fuera de él, se dedicaban a su vida. Eso si tuviera una vida que por supuesto no era el caso. Así que sería más correcto decir que me dedicaba a alimentar o a matar mis fantasmas, depende de los días. Sin embargo la chica menuda que había delante de mí, aún con mi cazadora tapando gran parte de su cuerpo, había cambiado mi plan aquella noche. Podía haber ignorado su comportamiento pero, como alguien al servicio de la sociedad, creía que estaba en mi deber moral atender a la señorita incluso fuera de mi horario de trabajo. Asentí con brusquedad con la cabeza, al principio, cuando me aseguró que no necesitaba acudir a urgencias, solamente porque parecía mucho más centrada de lo que había estado hacía apenas unos minutos dentro, en el bar. Bien podía ser un efecto del calor, o de la gente; había fobias más raras, se lo aseguraba, aunque su confesión me dejó estupefacto.

Movido por el impulso más lógico mi mano fue a parar a su frente, y después a una de sus mejillas, estaba helada, y no ardiendo, así que descartaba la mayor parte de las causas de su alucinación. No pude evitar soltar una carcajada seca, levantando ambas manos en señal de rendición: -De acuerdo, entonces está usted loca, o bien es estúpida, o me ha mentido-¿retrato viviente? ¿en qué clase de mundo alternativo vivía la pequeña morena?-Si es la tercera, no puedo hacer nada por usted. Aún así insisto en acompañarle a casa-al menos me aseguraba que lo que le había ocurrido en el bar no volvería a darse en la calle, donde nadie pudiera encargarse de ella. Había tenido suerte de haberse encontrado con un médico y así se lo hice saber: -Ha tenido suerte, por regla general no suelo ser tan amable-me burlé, a pesar de que no lo estaba siendo en absoluto, aún me movía por mi propio deber y no porque tuviese la necesidad de complacer a la chica. Tiré de ella para que se alejase de la pared y volviese a su apartamento, cuanto antes la dejase allí, antes podría volver a mi rutina.

Mi mirada bajó por su cuerpo cuando la tuve delante de mí, su espalda aún estaba cubierta por mi cazadora pero sus curvas se podían apreciar a la perfección, al igual que la longitud de sus piernas: -Aunque, para ser franco, tampoco suelo encontrarme con culos tan bonitos como el suyo-sonreí con descaro, mostrando mis pensamientos en voz alta sin la menor preocupación a que ella pudiera sentirse ofendida.
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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

Mensaje por Rebecka L. Masaryk el Jue Feb 21, 2013 2:40 am

NIGHT TURN COLD

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Sabía que aquel comentario le había hecho dudar de mi cordura o, al menos, de mi salud en el momento que su mano se posó en mi frente y llegó hasta mi mejilla. No pude evitar reírme, quizás porque sabía que debía haber mentido, pero aquel acto iba por completo contra mis principios. Su socarrona risa logró dejarme un mal sentimiento en el pecho, lo que se intensificó con sus palabras. Me había juzgado de forma injusta, aunque en realidad era la reacción que hubiese tenid cualquier persona en su lugar, la incredulidad. -"Todos somos neuróticos" dijo Sigmund Freud y quizás sea cierto, pero lejos estoy de la psicosis y puedo afirmar que estoy en completo uso de mis facultades mentales. Estúpida... dudo serlo o, al menos, siempre se ha dicho lo contrario. Y si miento, es obvio que aunque te diga que he sido honesta seguirás creyendo lo contrario.- A veces era así, lo había olvidado, solía dar monólogos aburridos tratando de demostrar mis argumentos, aunque sabía solo lograba cansar a las personas. -Sí, menuda suerte he tenido...- Dije mientras la ironía se posaba en mis labios tras escuchar al chico y es que jamás había pedido su amabilidad, hubiese deseado no recibirla.

Mi cuerpo se separó de la seguridad que me brindaba la pared tras el jalón del azabaches, impulsándome pasos delante de él. Suspiré y es que aún no podía definir si aquel hombre era una persona amable, medianamente decente o un idiota. Quizás no debería haberme preocupado por ello, el comentario que salió de la boca del hombre segundos después me dio la respuestas. Sin dudas, era un idiota. Me volteé boquiabierta, mientras mis mejillas se mostraban de un carmín intenso, recordando la forma en que me había tropezado con mis propios pies dentro del bar. Aunque claro, aquello no le daba derecho a expresarse de forma tan vulgar como lo había hecho hace un momento, me revolvía el estómago.

-Me ha faltado el respeto.- Resolví simplemente entrecerrando mis acastañados ojos a la vez que buscaba en mi bolso las llaves de mi deportivo. -Supongo que era de esperarse, al fin y al cabo viniendo a este bar no podía encontrar menos.- Comenté quitándome la cazadora que había puesto sobre mis hombros al salir del bar, quizás había pensado que estaba borracha y podía tratarme de la forma que quisiera tras ser amable conmigo por un instante. Yo que sabía, sus palabras y acciones se contradecían por sí mismas. -No necesito su compañía, prefiero estar sola.- Dije extendiéndole el abrigo y mirándole fijamente a los ojos, como si aquellas transparentes orbes pudieran darme una respuesta de la verdadera naturaleza del chico. Que va, no se parecía a Gustav en lo más mínimo, a pesar de ser homosexual y todo el daño que me había probocado por aquel hecho, mi ex-marido era mucho mejor persona que el hombre que tenía en frente.

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Re: Night turn cold, and your heart does no more but remember {Cedric O. Brandon}

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