Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que, ha sometido parte de ésta, para servir a sus hermanos - Dakota W.-

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Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que, ha sometido parte de ésta, para servir a sus hermanos - Dakota W.-

Mensaje por Daniel C. Wellesley el Jue Ene 24, 2013 4:24 am

Hermanos Wellesley, flashback.
Estación: Verano.
Lugar: Mansión Wellesley.
Situación: Tarde y sorpresa en la piscina.
5 años atrás en el tiempo (?.

"Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que,
ha sometido parte de ésta, para servir a sus hermanos"

El clan masculino Wellesley habíamos llegado a casa después de unos cuantos días fuera de esta. Había sido realmente aburrido ya que se trataba de papá haciéndonos ver, a David y a mí, como teníamos que seguir sus pasos, los pasos de Anthony. Grandes éxitos nos esperaba, una buena carrera ansiaba por atraparnos en un futuro. Pero ya habría tiempo para pensar en todo aquello, tan solo éramos unos jóvenes alocados que queríamos disfrutar de los últimos años de adolescencia antes de, emprender una nueva vida en el mundo de los adultos. Antes de probar todo aquello de lo que papá hablaba con ilusión y euforia, de todo aquello a lo que Anthony le había tomado el gusto. Aquel muchacho que era como nosotros pero con el paso del tiempo nos había traicionado para ser una simple marioneta de papá, para ser una persona sin personalidad o una persona extraña que había dejado de lado el amor a la libertad.

- ¡Daniel! – gritó David, mi mellizo. Despertándome del ensismamiento y del torbellino de pensamientos que rondaban mi juvenil pero asentada cabeza. – Estamos llegando – volvió a añadir, así que no dudé en sacarme el único casco que tenía en la oreja; dejé la música a un lado y me puse a observar el camino tan conocido para nosotros, las lujosas casas anteriores a la nuestra.

Papá detuvo el coche cuando ya estábamos ante la gran casa Wellesley, de grandes dimensiones y derrochando lujos por cualquiera de sus esquinas. Lo adoraba, adoraba todo lo que tenía. Mi vida era tal cual perfecta, el presente, todo mi problema se reducía al futuro. Al miedo a este. Suspiré, no sabía a qué se debía tanto pensamiento aquella mañana, a que se debía tanta ansiedad, tanto temor. A lo mejor era como Peter Pan, aquel niño que nunca quería crecer.

- Nos vemos luego – se despidió el Señor Wellesley, asentimos los tres con la cabeza y observamos como este se volvía a alejar con su coche. Como siempre. Ese sí que era un padre compenetrado con su hogar, con su familia. ¿Me importaba? No, o sí. Bah, quien sabe. No quería pensar en aquello. Los tenía a ellos, a mis hermanos y con eso me bastaba.

- ¡Koty! – exclamó mi mellizo tras solo pasar un pie por la puerta, pero no obtuvimos contestación. Así que éste se fue en su busca de la única mujer de la familia, a la vez que, Anthony y yo dejábamos las maletas a un costado para que alguien nos la viniera a recoger. – Pss..¡aquí! – susurró el rubio de David desde el salón, llamando la atención de mi otro hermano. ¿Qué ocurría? No dudamos en presentarnos de forma rápida al lugar donde nos indicaba, encontrándonos así, una escena enternecedora. Se trata de nuestra pequeña hermana durmiendo angelicalmente sobre el claro sofá. Sonreí al ver la cara de David, sus ojos brillaban ansiosos de travesuras, y por el contrario, los de Anthony se veían más apagados y aburridos. Pasando totalmente de aquella escena más de lo imprescindible, - ¿Estás pensando lo mismo que yo? – preguntó Da, ante tal pregunta no pude evitar reír. Tan solo se me había pasado una locura por la cabeza y conociéndolo como lo conocía, sabía que este era capaz de llevarla a cabo. Pero él era el dulce, yo él impulsivo y me tocaría cumplir con tal plan. - ¡Déjame a mí! – contesté, a la vez que tomaba entre mis fuertes brazos a mi menudita y delgada hermana. Era peso pluma, porque no me costó en lo más mínimo levantarla para poder llevarla dirección a la piscina.

- ¡Buenos días pequeña! – saludé cuando me sorprendió con su mirada azul. Me estaba dando hasta pena hacer lo que iba a hacer, pero sería divertido, claro que sí. Esa era mi forma de molestarla y de enseñarle al mundo lo mucho que me importaba. Al contrario que mis hermanos, uno se pasaba de cariñoso y el otro de frío. Yo era el irremediablemente insoportable y molesto. Y me gustaba que fuera así.

David me abrió la puerta dejándome paso al inmenso y verde jardín. Así que haciendo caso omiso a lo que pudiera llegar a decirme mi hermana me acerqué al borde más profundo de la piscina para poder tirarla y despertarla totalmente de aquella forma. ¿En las escenas cómicas de las películas no lo hacían con agua? Solo que este no era un pequeño vasito, nosotros actuábamos a lo grande y le había tocado empaparse en el fondo de la piscina. - ¡Lo siento! – añadí con una mueca dulce y cariñosa antes de tirarla, pero…¡mierda! En un forcejeo rápido sus delgados dedos me tomaron de la camisa terminando los dos en el agua. ¡Pluusshhh!

De esta forma los dos hermanos terminaron en el agua, provocando las incontrolables risas de David Wellesley que observaba la escena con atención, e incluso, de Anthony que había observado todo desde la lejanía. En el piso de arriba, cerca de una de las ventanas, no se había perdido detalle de las actuaciones de los locos de sus hermanos. De aquellas personas a las cuales intentaba no demostrarles la adoración que realmente les profesaba.
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Daniel C. Wellesley
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Re: Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que, ha sometido parte de ésta, para servir a sus hermanos - Dakota W.-

Mensaje por Dakota E. Wellesley el Dom Ene 27, 2013 10:58 am

No te has ido a dormir” Me había dicho en aquel entonces mi madre cuando me había encontrado despierta en el mesón de la cocina, con el cabello desarreglado y una expresión de no querer pegar el ojo. Había sonreído, acariciado mi cabeza y, luego caminado hacia las escaleras para ir al cuarto que compartía con papá, el cual, llevaba un par de semanas fuera con mis hermanos en un viaje de aburridos y pesados negocios. La imagen del chico que me gustaba estaba en mi mente mientras miraba a mi madre irse, quería decírselo, pero, a la vez me daba un miedo terrible. ¿Por qué? Efectivamente lo descubriría más adelante. Sacudí la cabeza y pasé las manos por mi cara.

Mamá… — llamé aún sin ser muy consciente de lo que mis labios habían soltado. Bufé mentalmente en cuanto se volteó con el ceño fruncido, mirándome con una expresión inquisitiva. Me mordí el labio, nerviosa de todo el asunto en general. Después de todo, era una chica de quince años en ese preciso momento, ¿qué podía decirle? —, buenas noches — fue lo único que dije con una sonrisa, mamá sonrió y subió las escaleras sin decirme palabra. Boté todo el aire que mis pulmones habían acumulado aún sin ser consciente; no, no podía decírselo… él no era de nuestro nivel social, y tampoco, lo sería jamás, pero, lo quería. Lo quería mucho. Chasqué la lengua y me aferré a mi chaqueta aunque frío no estaba haciendo por ningún lado.

Me levanté de la silla en la cocina y, empecé a caminar hacia el sofá de la sala para sentarme allí, dispuesta a no pegar el ojo hasta que viera a los cuatro hombres cruzar la puerta. Me reí de mis propios pensamientos, ¿creía que por quedarme allí ellos llegarían antes de lo previsto? Por supuesto que no, pero, en ese instante quería imaginarme que sí sería así. Negué con la cabeza un poco divertida, cruzando mis brazos sobre el espaldar del mueble y afincando el mentón sobre los mencionados, mirando al pasillo que comunicaba con el recibidor de la mansión. A veces odiaba que la casa, fuera tan excesivamente grande… Después de unas dos horas, mis párpados ya empezaban a pesar, pero, seguía en la misma posición que había tomado momentos atrás. El sueño me estaba venciendo hasta que me dejé llevar por él, acomodándome a mis anchas por el sofá. Me despertaba paulatinamente en escasos momentos en la madrugada, volviendo a observar a la puerta, pero nada. Había suspirado y luego vuelto a recostar la cabeza en el mueble, no estando plenamente consciente de cuando me dormí completamente para no volver a despertar, por lo menos no hasta que sentí que me cargaban.

¿Estaba soñando? ¡Oh, claro que no! Abrí un poco mis ojos azules y vi la cara de Daniel, contemplándome con ese semblante arrepentido de cómo quién va a hacer algo que le cuesta un poco; sabía que era él, pues, si fuese David, podría asegurar que no tendría esa expresión. Abrí mucho mis ojos, despertando completamente de golpe en cuanto sentí la intención de querer lanzarme a la piscina. Mi única reacción fue agarrarme a él, ocasionando que nos cayésemos los dos, bajo las burlas de de David. Sonreí un poco en cuanto saqué la cabeza a la superficie, alegrándome de tener por fin a mis hermanos de vuelta. Cambié de expresión, nadando hacia la escalerilla y saliendo toda empapada y con el cabello hecho un asco.

¡¡Tú!! — exclamé señalando a David con una expresión seria y fingidamente molesta. Era imposible molestarse con os mellizos —, ¡¡Esto fue idea tuya!! ¡No huyas cobarde! — grité en cuando él empezó a correr hacia dentro de la casa. Me reí un poco y señalé a Daniel —. Tú no te salvas. Cuando salgas de allí, sentirás la cólera de tu hermosa hermana — entrecerré los ojos y salí corriendo detrás de David, cuyas burlas me causaban mucha risa, pero, más risa me iba a causar cuando madre lo regañara y yo le cayera encima para mojar su cabello perfecto y su bonito suéter.


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Re: Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que, ha sometido parte de ésta, para servir a sus hermanos - Dakota W.-

Mensaje por Daniel C. Wellesley el Sáb Feb 02, 2013 3:58 pm



Dakota E. Wellesley ■ Mansión Wellesley ■ 11.30 hrs ■ Grata sorpresa.
No tardé en subir a la superficie, tirando delicadamente del brazo de mi hermana. Estaba media dormida, se suponía que despertaría al instante al sumergirse en el agua pero no quería lamentar un mal mayor, mejor prevenir que curar. Pero sí, al ver cómo está de forma rápida salía de la piscina en dirección a David supuse que estaba más que despierta. Reí por aquella escena, por aquel comentario. Aún sumergido, no dudé en observar la escena. Clavé mi mirada en mi mellizo, como este corría feliz para que la pequeña de la casa no pudiera alcanzarlo y, no pude evitar levantar una de mis cejas, al darme por aludido con aquel comentario que provenía de la de ojos azulados.

Nadé hasta la escalera más próxima para poder salir de la gélida agua e incorporarme en aquella pelea cómica de hermanos, que yo mismo había creado. Esta vez me iba a unir al equipo de Dakota, corriendo así, detrás de David. Quería empaparlo, merecía terminar igual de mojados que nosotros dos. Además, él había sido el de la idea por lo que tenía que probar un poco de su ingenioso plan. – No huyas cobarde, solo queremos un abrazo – añadí de forma simpática intentando alcanzarlo. Y eso hice, lo atrapé entre mis fuertes brazos; mi hermano forcejeó para intentar zafarse pero le fue casi imposible, no dudé en escurrirme a su lado - con un tierno abrazo - esperando a que la pequeña pudiera con él, para poder cumplir así, aquellas palabras amenazadoras que le había dedicado hacía unos escasos minutos.

- ¡Todo tuyo! – exclamé cuando Koty ya había llegado a mi par, alejándome por fin de ellos dos. ¿Qué iba a hacer ahora?¿Con quien me metería? Tan solo buscaba con la mirada a mi otro hermano, Anthony, quería ver si este seguía observando todos desde la altura. Y efectivamente, como siempre, no nos quitaba ojo y, al igual que otras tantas veces, tardaba en unirse a aquello. – Pss.. – susurré desviando la mirada de forma rápida, - Él es nuestro próximo objetivo – comenté dirigiéndome a Dakota de una forma, un tanto, graciosa Así era nuestro hermano mayor, le costaba atravesar la barrera que él mismo había creado, pero una vez de nuestro lado, disfrutaba más que cualquiera de nosotros. Deseaba nuestra compañía, al igual que nosotros la de él, pero su orgullo y su absoluta perfección le impedían, desde un primer momento, disfrutar de las tonterías que nosotros hacíamos. De la libertad y locura que nos guiaban en todo momento.

Dejé tras de mí a mis dos hermanos, luchando, forcejeando y metiéndose el uno con el otro. Sonreí desde lo lejos al deleitarme con la escena, las personas más importantes estaban bajo aquel techo. Estaban a mi lado, a escasos metros de mí y tan solo con aquellos simples gestos graciosos, cómicos y despreocupados podían provocar carcajadas incontrolables en mí, provocar una inmensa sensación de felicidad que invadía mi pecho. Por lo que, con una sonrisa idiota, atravesé empapado la puerta de entrada a la casa, dejando la escena a un lado y creando yo una nueva tras la entrada al lugar.

El impecable orden y limpieza que caracterizaba la mansión Wellesley se había borrado con mi entrada. Estaba mojando todo con cada uno de mis pasos, - Señorito Daniel, tenga aquí una toalla – añadió una de las mujeres que se encargaban de la limpieza del lugar, con una sonrisa agradecí aquel gesto y no dudé en llevármela directa hacia mi melena. Sequé ésta, a la vez que no perdía detalle de lo que ocurría fuera con mis dos hermanos, me encontraba observando todo desde el ventanal que daba directamente hacia el jardín. E incluso, envidiaba la escena, la relación que ellos dos tenían. Los adoraba por igual, pero por momentos sentía que era aquel hermano que no tenía su lugar. Anthony; el adorado de papá y mamá. David; el dulce y responsable, el ídolo de la pequeña de la casa. Dakota, la adolescente tierna y rebelde, la princesa a la que David protegía a capa y espada. Y yo, el impulsivo y alocado, el problemático.
Pero en aquellos momentos, oh..aquellos momentos, toda sensación de malestar desaparecían para dejar tan solo sonrisas y carcajadas al lado de mis hermanos, de aquellas personas que compartían mi mismo tipo de sangre, de aquellas personas por las que daría todo lo que era. Mi familia, mi única familia.


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Re: Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que, ha sometido parte de ésta, para servir a sus hermanos - Dakota W.-

Mensaje por Dakota E. Wellesley el Lun Feb 04, 2013 9:48 pm

Veía a David correr como un niño unos pasos más adelante, con esa sonrisa iluminada que siempre llevaba en la cara cada vez que todos estábamos juntos; no podía hacer más que reír y correr detrás de él, mucho más después de escuchar la proposición de "abrazo" que le ofrecía Daniel, poniéndose a mi favor en todo el asunto de la piscina.

¡Déjese abrazar, señorito! ¡No comemos! — dije sin pensarlo, corriendo más rápido para llegar a dónde corría Daniel unos metros más allá.

Llegué a su par en cuanto cogió a David de los brazos, dejándolo bastante húmedo y muerto de pura risa. Mientras le despeinaba y mojaba el cabello por igual, escuché a Daniel decirme algo sobre el próximo objetivo, no puse en duda que sería nuestro hermano mayor, al que le costaba un poco integrarse a nuestros juegos comunes; le guiñé el ojo y lo observé entrar a la casa empapado de pies a cabeza, casi quise darme de bruces contra las escaleras; a mamá le daría un ataque de perros y todos nos llevaríamos un regaño si llegaba y nos encontraba así. En un descuido, el mellizo se despojó de mí y tuve que reanudar la persecución como unos críos que éramos. Ladeé un poco la cabeza hacia arriba, notando como Anthony nos miraba desde el ventanal que daba vista perfecta hacia la alberca. Le sonreí mostrando los dientes mientras casi me iba de boca a chocarme contra al piso, notando así que el joven mencionado, se echaba a reír como solamente él podía reírse de mis pequeños raspones. Entrecerré los ojos tras el trastabilleo y lo vi alejarse rumbo a la escalera de nuevo, tal vez para bajar y unirse al juego o para reñirnos como solía hacerlo cuando le entraba un "espíritu maligno". Me reí y seguí a mi objetivo hasta el interior de la casa, abriendo la puerta de golpe y casi causándoles un infarto a las empleadas de la limpieza, las cuales soltaban suspiros no muy amorosos para con lo que hacíamos dejando charcos por todo el suelo.

"¿¡Qué creen que están haciendo!?" Escuché la voz imperiosa de Anthony, que hizo que me detuviera justo como lo había hecho David, girándose hacia él con su carita de "yo no fui". Parpadeé colocando mis ojos de gato y le observé de pie a mitad de las escaleras, con los brazos cruzados y expresión de querer reírse... aunque lo ocultaba muy bien bajo esa fachada falsa de seriedad.

¿No te unes? ¡¡Reparto abrazos gratis!! — exclamé corriendo en dirección al pie de la escalera, pero, sin atreverme a subir ni un paso; solamente dejaba que mi cabello rubio se escurriese por el pasillo bajo las miradas casi mortíferas de las domésticas. Ups, después les pediría disculpas. Mi hermano sonrió a la par de mi carcajada cuando David se empecino a hacerme cosquillas y llamaba a Daniel para el abrazo grupal que nos merecíamos. Me sentí de repente la chica más feliz del mundo, rodeada de sus hermanos y con todo lo que podía desear; pero, estaba ese "asunto" que aún me preocupaba... ¿Cómo contarle a mamá que me gustaba un chico que no era de nuestro nivel? Sería como una bomba, y no precisamente buena. Sacudí la cabeza en cuanto sentí las manos del mayor de mis hermanos despeinándome el ya desarreglado cabello, como quitándome esas ideas nefastas de la cabeza. Era mejor no soltar palabra —. ¡Yo quiero una foto! — grité emocionada en cuanto Daniel llegó a nuestro lado. Miré a las empleadas que nos miraban entre el enfado y la sonrisa alegre de vernos tan unidos. Le toqué la nariz a David, le piqué la frente a Daniel y abracé con un brazos a Anthony, dañando su perfecta y blanca camisa. Daba igual, tenía muchas.

"Mamá nos matará" dijo David entre risas, mientras mi hermano mayor negaba. Yo solamente sonreía feliz después de una larga noche en vela esperándolos, aunque, eso ellos no lo supieran.


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