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Mensaje por William J. Adderley el Mar Ene 22, 2013 1:53 am


till there was you
Nadège L. Fairclough || Medio día || Rio "Tillhomt"
“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo"

Relativo. Horas. Minutos. Segundos. ¿Cuántas formas existían para llamar al tiempo? ¿Por qué ocurría? ¿A qué se debía? ¿No sería más sencillo permanecer quieto desde tu nacimiento? No habría penas, no habría regalos que desenvolver, no habría preocupaciones por la educación que esperas recibir. No habría problemas, pero tampoco habría muchas satisfacciones. No habría amor ni amistades, ni ese tipo de emociones que te embargan al cumplir la mayoría de edad. Cuando de embriagas de alcohol y no sientes nada más. Cuando te embriagas de frenesí y… tampoco sientes nada. ¿Así de importante es el tiempo? Lo es, es tan importante que el ser humano lo había divido, para especificar en qué preciso instante había mejorado o empeorado su vida.

El viento, ligero y espeso al mismo tiempo, le devolvió a la realidad. A aquella realidad verdosa y fresca, cristalina y perfecta, hermosa a la vista y fuente de inspiración para cualquier persona, como en este caso, de un escritor. William Adderley no se consideraba un buen escritor, no era un amante de las letras comerciales, ni de las letras históricas, no pertenecía a ninguna de ellas. Él no pertenecía a ningún sitio, esa era la verdad. Después de todo ¿A cuántos sitios había viajado el último mes? París, Londres, Liverpool, y ahora Nueva York. Oh, sí, la Gran Manzana es la que he mencionado, la capital de la fama, los secretos y las mentiras. Al menos eso rezaba en el mensaje que había recibido al pisar Manhattan, ¿extraño? No del todo, no era extraño para los habitantes de los Hamptons, pero sí para un turista. Sí, para William Adderley, un muchacho proveniente de Texas, de clase media-alta y de buenos modelos, ¿qué secreto podía tener? “Todo el mundo tiene secretos” le contestaría una adolescente. Sí, todo el mundo los tiene, hasta el castaño que ahora permanecía sentado en una banca de madera, frente al río. Mirando como el sol y las nubes se reflejaban en el agua. Atisbando como pasa el tiempo frente a sus ojos, sin que nada, ni siquiera el recuerdo de su hermana, logre alterarlo.
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Re: Till there was you

Mensaje por Nadège L. Fairclough el Miér Ene 23, 2013 12:41 am

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Medio día || 22/01/13 || Río "Tillhomt" || Despejado || William J. Adderley

El cielo más claro parecía estar reflejado en aquellos ojos azules que se le quedaron mirando por un instante, el dorado resplandor de sus cabellos danzantes por el viento, en conjunto a la sonrisa fresca y llena de amabilidad dibujada en su rostro, fue lo que terminó de detener por una fracción de segundos el aire que debía procesar rutinariamente en sus pulmones como siempre. Aquella escena desapareció cuando el muchacho atravesó la puerta para seguir su rumbo, pero ese final no fue suficiente para evitar que dicha imagen siguiera rondando en su cabeza una y otra vez. ¿Por qué se suponía que debía impresionarse por ello? O más bien, ¿por qué le daba tanta importancia a un hecho que hasta normal podía tratarse? No lo sabía, o... no quería saberlo. Sus pies la estaban llevando a cualquier lado, que ni siquiera le importaba a qué paradero podría llegar, no teniendo ese pensamiento en su cabeza, pues en ese instante solo quería ordenarse, estar sola, quizás llorar... ¿Por él o por ella? No tenía idea.

Había sido un día bastante normal, agradable, habían comenzado tres horas más tardes de lo que solían iniciar todos los días. Tenía muchas ideas en su cabeza, que no demoró en dejar plasmadas a imagen y semejanza de como lo tenía planteado su mente en su cuadernillo de dibujos, y de notas. Incluso se dio el tiempo de agregar alguno que otro color, solo para recordar las tonalidades y los géneros que debía usar. Todo iba en orden y perfecta sinfonía, hasta que llegó un curioso joven a hacer algunas consultas; se veía normal y bastante simpático, pero no fue hasta que se fijó más en Nadège y le sonrió de aquella forma, que su día no se volvió en un confuso mar de recuerdos. Incluso, su compañero más cercano la notó diferente y por más que quiso saber qué la había dejado en ese estado, no lo consiguió; pero la conocía, pero prefirió dejarla pasear y a que aire puro le abriera la mente. Desde ese entonces, había estado caminando, preguntándose el por qué... el por qué, ¿por qué el recuerdo de Finn había vuelto a ella?; no era que le había olvidado, no con la última noticia de la que había tenido que estar presente, mas él era el único capaz de desorientarla y con el solo evento de ver a alguien idéntico a él, ya bastaba para confundirla.

Un largo suspiro liberó en compañía de un cerrar profundo de ojos. Debía calmarse, si se ponía mal lo notarían y ella no era así, ese acontecimiento no podía sobrellevarla, no podía... Y repentinamente, sintió una leve cosquilla cerca de su cuello. Abrió los ojos casi al instante y se percató que se trataba de una hoja que la brisa había elevado; la tomó con delicadeza con su mano derecha y la contempló. Se le ocurrió que pudo haber sido sacada o su firmeza no era tan fuerte en el árbol o arbusto al que pertenecía, ya que seguía teniendo un color verde puro. Entonces, allí le vió también, sentado en una banca de madera... Tan pensativo como ella. Increíblemente, al solo momento de reconocerle, una sonrisa llena de dulzura se formó en sus rosados labios. Tras ese repentino bienestar, caminó suavemente hacia donde él se encontraba, pero en lugar de llamar su atención, prefirió quedarse quieta y guardar silencio, hasta que él deshiciera su desapercibida existencia.


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Re: Till there was you

Mensaje por William J. Adderley el Miér Ene 23, 2013 1:42 am


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Nadège L. Fairclough || Medio día || Rio "Tillhomt"


“Algunas cosas del pasado desaparecieron pero otras abren una brecha al futuro y son las que quiero rescatar.”

¿Cuántas veces no se había repetido esa frase? ¿Cuántas veces había intentado no sólo decirla en su mente, sino también transmitirla? Especialmente a su padre, aquel hombre que había cambiado con tan sólo un evento. ¿No decían que los padres debían mantenerse fuertes, como ejemplo para sus hijos?

“Las personas dicen muchas cosas. Tú escribes para no hablar con tu progenitor ni con tu hermana. Tú huyes, no ellos”

Esas palabras se habían formado en su libreta, la tinta del bolígrafo se había chorreado luego de del huyes, mas no parecía un error, incluso si lo mirabas desde una perspectiva distinta le podías encontrar significado, podría ser como la oscuridad se apodera poco a poco de la luz o quizá como la luz gana a la oscuridad… o tal vez tan sólo es una mancha que apareció porque no se había secado bien. El mundo tenía diferentes perspectivas y todos trataban de encontrar la suya, ¿no es así? William era uno de esos tantos, por eso era escritor y no científico, aunque quizá lo último le hubiera resultado más sencillo, sólo habría un resultado, únicamente podría decir: “funciona o no funciona”, jamás un “puede funcionar”.

William tachó lo que había escrito, aquello no le llevaría a ninguna parte. No quería comenzar con una historia autobiográfica, su vida no tenía nada interesante y lo único relevante y “entretenido” sería un evento que, casualmente, no era bueno recordar. Abre una brecha al futuro, ábrela.

El castaño soltó un respiro, extrañaba a su gato, había tenido que dejarlo en la casa rentada, ya que era demasiado inquieto y no quería perderlo. Después de todo, aquel gato Bombay había sido su único compañero en estos dos cuatro años. Era cierto que su hermana le había llamado y él a ella, pero las conversaciones siempre terminaban de la misma manera “¿Cuándo volverás?” Bueno, lo cierto es que sus viajes tenían como objetivo encontrar esa respuesta: cuando volver.

Entonces, el viento trajo consigo un recuerdo, un recuerdo no tan lejano, un recuerdo que traía consigo a una persona, rubia, menuda, hermosa. Una persona que le recordaba a un escrito. Sin pensarlo demasiado sacó otra de sus libretas, aquella en donde había descrito a su bailarina: delicada y suave, bajita pero no insignificante. De movimientos finos y razonados, mas no mecánicos. Danzando, con la luna, con el sol, con las estrellas, con las mismas hojas que trae la brisa… danzando con la naturaleza, porque su bailarina no es más que parte de la naturaleza misma. – Porque es única…. – susurró al aire; lo último no lo había escrito antes. La inspiración volvía… volvía por… William tuvo esa sensación de que alguien le observaba, así que se giró lentamente y la miró, casi igual que su descripción. Por unos segundos pensó que era producto de su imaginación. – Hola – saludó con voz rasposa, dándose cuenta que no era ninguna ilusión. Se levantó de su sitio casi de un salto y se acercó. – Me alegro de verte de nuevo. ¿Te gustaría sentarte? Claro, si no tienes nada más que hacer. – musitó, sonriéndole, con una sonrisa bastante peculiar pero para nada forzada.

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Re: Till there was you

Mensaje por Nadège L. Fairclough el Miér Ene 23, 2013 2:35 am

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Medio día || 22/01/13 || Río "Tillhomt" || Despejado || William J. Adderley

Acostumbrada probablemente a su "anonimato" entre la gente, incluyendo, entre conocidos, se quedó quieta a un costado del muchacho; no le quería asustar ni interrumpir, ¿qué estaba haciendo? Él podría estar allí queriendo soledad para sus pensamientos o buscando su inspiración, de seguro si hacía algo le arruinaría todo. Entonces, repentinamente tuvo una presión en el pecho, que le indicaba que estaba haciendo mal y era mejor retirarse, con su misma desapercibida esencia. Frunció sus labios y bajó la mirada lentamente, tragándose las lágrimas que podrían salir y que le impedían una vez más, calmarse; pero se fijó en la hoja que el viento había llevado hacia ella. Tan verde... Ese verde que a los bordes parecía ir más claro que en su interior, que se iba haciendo profundo; había visto ese verde antes... ¿En dónde habría sido?... ¡En los ojos de William!

Creía no haberse sentido tan mal durante varios días, meses, incluso años, hasta que debió llegar ese día: estaba reunida con sus padres, pues Marion llegaría después por asunto de estar en otra ciudad en ese entonces. Estaban conversando de lo mejor y llegó un mensaje. «Padre, ¿qué tal? ¿Te acuerdas de mí? Más te vale que sea así, porque pronto volveré a casa. Saludos, "Finn"». Aquél pequeño mensaje fue suficiente para cambiar el ambiente en un abrir y cerrar de ojos de la casa, pero había solo un detalle similar; Nadège podía contar con 19 años, mas seguía teniendo el alma frágil de una niña de 10 años, que todo le afecta con gran facilidad. Por más que intentó su madre calmar a su padre, quien llamó enojado a su ex-esposa, ambos concluyendo en lo mismo, nada resultó cambiar. Entonces, Nadège estalló. Le defendió y fue así mismo, como sus palabras fueron tomadas en cuenta, solo para caer a la cruda realidad.
¿Cómo puedes defender a alguien que ni siquiera ha estado contigo, ni mucho menos, le importas?.

Había dicho su padre. Cuánta razón, sin embargo, en ese instante la rubia no lo quería creer. Faltaba poco para que llegara por fin la hija mayor, así que solo fue capaz de decir que saldría un rato, al parecer algo no había quedado bien en la empresa, y se marchó. Mentira... Mentira que obviamente sus padres no le habían creído, pero no valía la pena interrogar. La muchacha caminó entrecortado, luego trotó y posteriormente, corrió. Mientras el viento iba "secando" cada una de las lágrimas que caían como lluvia por su rostro. He allí que llegó al río Tillhomt, donde se había ocultado bajo un árbol y había llorado por un largo rato, amargamente y sola. Saturándose en cuestionamientos que no tenían respuestas. No obstante, había sido demasiado y necesitaba mejorar, olvidarse del asunto. Por un momento, creyó escuchar una suave melodía, proveniente de la naturaleza... o quizás de su mente, así fue como se quitó los zapatos y comenzó a danzar. Una suave danza que nunca había preparado, solo estaba siendo improvisaba en ese preciso instante; mas según cada movimiento que hacía, era como se iba liberando, a tal extremo de que ya no habían lágrimas, solo una sonrisa dulce, infantil... Inocente.


Hola. ¿Hola?. Sus ojos claros se alzaron al compás del saludo que resonó en su mente del muchacho, entonces los fijó en él. Éste se acercó y continuó haciendo de su realidad, un motivo por el cual sonreír– ¿Qué tal? Gracias –Respondió suavemente– A mí también me alegra verte otra vez. –Confesó y advirtió el asiento al que él hacía referencia, acercándose de a poco, aún sujetando la hoja entre sus dedos– ¡Por supuesto! Muchísimas gracias. La verdad no... solo paseaba –Se rió levemente y se encogió de hombros, viéndole ahora a los ojos– Te-temí en interrumpirte, lucías tan pensativo... Por eso, no te saludé antes. ¿Cómo has estado? –Correspondió a su sonrisa con una dulce, como solía sonreír ella. Y se sentó con delicadeza a su lado.


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Re: Till there was you

Mensaje por William J. Adderley el Jue Ene 24, 2013 12:35 am


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Nadège L. Fairclough || Medio día || Rio "Tillhomt"


“La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos.”

¿Sería eso cierto? ¿Uno podría quedarse con los recuerdos? Claro que podía, de eso no le cabía duda. No, de eso no dudaba, pero ¿sería suficiente? No, de ninguna manera era suficiente, porque de serlo, William habría dejado de pensarla hace demasiado tiempo. O quizá no a pensarla, pero no adolecerla de esta forma, viajando a cualquier sitio que le recordará y no a ella. William desvió la vista del horizonte y negó con la cabeza, se supone que había venido a una de las ciudades más pobladas del continente para distraerse, no para caer en los recuerdos. Quédate con lo bueno que tienes, quédate con lo que tuvieron.

Las voces se oían, las respiraciones se notaban, por ende… las miradas se sentían, por eso sabía que alguien le había devuelto al mundo con tan sólo observarlo, quizá podría equivocarse y que alguna fuerza natural… o sobrenatural le estuviese desconcentrando, pero estaba del todo seguro que se trataba de alguien vivo; así lo verificó cuando se giró y observó a la rubia, parada por detrás de él el sol la irradiaba y creaba un aura a su alrededor parecido al de un ángel, más esos ojos que parecían tener vida propia, era una imagen digna de recordar, una imagen con la que se quedaría hasta transmitirla al papel. Ya tenía más por agregar a su bailarina… como la primera vez…

“Hemos despegado. Gracias por viajar con nosotros”
William había dormido todo el viaje, resultaba raro decir algo como eso, pero no había dormido bien desde que había viajado a París, a exactamente el último lugar que había visitado su hermana, Alisson. Aquel teatro de proporciones impresionantes, el sitio a donde su hermana había esperado llegar. Había escrito un relato corto acerca del lugar y luego había decidido que no quería ver más. Así que ahora estaba del otro lado del mundo… de nuevo. “Me parece que es suyo” le dijo mujer y le entregó a su gato negro, Ringo…” – Ya está bien, te sacaré pronto de esta caja – le murmuró, sabiendo que detestaba que lo encerrara ahí, pero no había de otra. Afortunadamente no tardó en encontrar una casa en renta, más parecida a un apartamento por lo pequeña que era, pero eso no tenía importancia, no pensaba quedarse. Este no era más que otro sitio.

Hacía unos días que había escuchado acerca de un río, no encontraba mejor lugar para inspirarse, así que esa misma tarde se dirigió al lugar, sin imaginarse que se encontraría con la representación perfecta de sus letras..


Oh, no te preocupes… tú puedes interrumpir cuando quieras – musitó el castaño con una sonrisa ladeada, haciendo espacio en la banca, sobre todo en donde estaba puesta su mochila, la bajó y dejo ahí. – ¿Cómo estás? – preguntó sentándose después de ella. – Hace una semana que no te veía por aquí… me hiciste extrañar aquel baile. – musitó William, aun sonriendo de forma agradable y natural, como si el que la encontrara fuera una cita concertada.

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Re: Till there was you

Mensaje por Nadège L. Fairclough el Jue Ene 24, 2013 1:45 am

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Medio día || 22/01/13 || Río "Tillhomt" || Despejado || William J. Adderley

Habían personas que al solo hecho de mirarlas a los ojos o sentir sus presencias, transmitían calma e incluso, cierta alegría única; Nadège creía que una de esas personas era el mismo castaño que se había encontrado por segunda vez, porque por más que le dijeran que "rostros se ven, mas corazones no", ella estimaba que si uno no daba un motivo para que la gente fuera cruel, no tendrían por qué engañar. Aún tenía esa noción en su corazón, aún habiendo pasado por decepciones que la dejaron muy mal en el pasado. Mas, por alguna razón debía sucederle eso, quizás no eran ideas suyas, sino que el joven realmente podía proyectar eso...

Siempre había amado la danza, desde que veía esos hermosos espectáculos por tv de las bailarinas de ballet cuando pequeña, hasta en los teatros callejeros donde actores presentaban una obra teatral con una impecable coreografía. Pero... ¿por qué nunca se habría lucido en ello? Era fácil: porque habían chicas que ya tenían experiencia en ello, porque habían jóvenes de su edad que ya mostraban sus espectáculos y agradaban a todos, porque... otras eran mucho mejor que ella. Sí, una de las cosas que le habían dejado en claro en la escuela, es que no debía ilusionarse en experimentar siendo algo que le gustaba hacer, ya que nunca brillaría, pues las estrellas ya estaban instaladas allí y ella solo perdería su tiempo, si quería sobrepasar sus famas, o incluso, si quería atreberse a ser como ellas. Por esa razón, Nadège seguía soñando en su habitación, escuchando diferentes canciones que le inspiraban mover su cuerpo como si no fuera más que una nota más que armonizaba la canción que estuviera sonando; digna de un don que nunca nadie seguramente le atribuiría valor, pero que a fin de cuentas, sabía que no debía desperdiciar... Después de todo, Dios por algo se lo había facilitado.

Asimismo, ese día se había desahogado –luego de llorar– en su desconocida danza; no habría nadie que la juzgara, nadie que se burlara y la hiciera sentir inferior, solo se tenía a ella y a la ciencia reveladora del Padre. Con absoluta libertad y delicadeza, dio origen a la expresión, liberando todo lo que sentía... Y así fue como el dolor, lentamente comenzó a irse, llenándose de una sensación pura y repleta de armonía; algo parecido a ¿la felicidad? Podía ser, o tal vez... A la paz interior. Luego de haber estado a pies descalzos en el río, con la misma energía y sutileza, dio un salto, volviendo a reposar sus pies al verdoso cesped. Dejó escapar un profundo suspiro, completando su tranquilidad, y fue como una sonrisa de amor se formó en sus labios, abrió sus ojos más claros por algunos reflejos del sol que había en ese entonces y siguió manifestándose corporalmente. No obstante, un repentino crujir de ramas fue lo suficiente para que la "melodía" se detuviera suavemente, y asimismo, un giro más la dejó frente a una nueva realidad: un joven castaño, la estaba observando, o la había estado observando.
Nadège se asustó y perdiendo su postura danzante, hizo un ademán de sorpresa, como a quién le han pillado en algo inesperado. Quedando petrificada.


Sonrió dulcemente por la respuesta del castaño y se sintió mucho mejor, dejando de lado los pensamientos autotorturadores que había tenido en un comienzo– Gracias, que dulce de tu parte... Ya no me sentiré tan culpable si lo llego a hacer –Repuso con la mirada un tanto baja. Sabía que seguramente no iba a suceder, dada su inseguridad, mas, no lo veía como una imposibilidad. Notó cómo dejó su mochila en el suelo y como reflejo, juntó un poco más sus piernas, dejando reposar sus brazos sobre la falda de su vestido pálido. Allí recordó del tiempo en que no se habían visto, sorprendiéndose al no haberse percato del todo que había pasado una semana. Alzó un poco las cejas ante ello y asintió obedientemente– Vaya, ¿una semana ya? –Replicó como dándole más énfasis a dicho tiempo– He estado bien, gracias al Señor... O he intentado, estarlo... –Dudó un tanto, pero sin retirar la sonrisa de sus labios, hasta que oyó lo referente al baile. Involuntariamente sus mejillas se tornaron de un color más ruborizado y se tapó la cara un poco, negando ahora más risueña– Que vergüenza... Ese baile... –Confesó un tanto avergonzada– Que bueno que lo hayas extrañado... Yo... También había extrañado a ese espectador –Argumentó sonriente y regresó su vista a sus ojos, con cierta chispa más alegre– ¿Cómo has estado tú? –Cuestionó suavemente y ladeó un tanto su cabeza, dándole ese aspecto inocente tan propio de ella.


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Re: Till there was you

Mensaje por William J. Adderley el Dom Ene 27, 2013 1:18 am


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“Después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad.”

Resultaba irónico decir que la soledad era la mejor compañía, pues, aunque los eventos fueran desafortunados, las personas emprendieran su propio camino y los sentimientos cambiaran, siempre, la soledad, estaría esperando; con los brazos abiertos y la paciencia suficiente para hacer compañía. William había estado solo desde hace cuatro años. No. Desde el momento en que su hermana había dejado de respirar se había sentido sin ninguna compañía. Y aunque las sonrisas, la inspiración y la creatividad acudieran a su lado en algún momento del día no solían quedarse, simplemente iban y venían, igual que él. Yendo y viniendo, de un lugar a todo. En todas partes y en ninguna.

Sin embargo, existían ciertos escenarios que hacían de esa situación algo diferente. Que hacían que el muchacho por primera vez se sintiera atraído hacía un sitio en concreto.

Nueva York era una ciudad impresionante, llena de diversidad y placeres visuales allá a dónde se le ocurriera ir. Espectáculos, performance, elegancia, dinero… una amplia gama de distracciones que no podían dejarse pasar; pero que se dejaban pasar con facilidad cuando la persona residente o – en todo caso – visitante no buscara las luces de la noche para inspirarse. William Adderley no había viajado a la Gran Manzana para deleitarse de ello, aunque planeaba merodear, de eso sin duda, pero… lo que él buscaba, como un ambientalista, soñador y persona creativa era la inspiración de la naturaleza. Un sitio en donde la misma le proporcionara el aire suficiente para respirar, eso era más que suficiente.

… eso al menos creía William Adderley cuando pisó Nueva York.

El crujir de las ramas le despertaba los sentidos, el aire movía sus cabellos con delicadeza, como invitándolo a pasar a su mundo, mientras el sol le sonreía de forma brillante. La libreta, guardada en su mochila, le exigía la libertad y el bolígrafo vociferaba que anhelaba comenzar. No demoró en liberarlos y tomarlos entre sus manos, esperando únicamente una señal para comenzar. Ya que una vez que lo hiciera no descansaría hasta terminar. Entonces, ocurrió… vio algo que le dejó maravillado, alguien que no había surgido de la tierra en las que surgían las flores ni los árboles; tampoco venía del lago en donde nadaban los peces y, sin embargo, parecía formar parte de todo. Frente a sus ojos una mujer rubia danzaba, con perfecta sincronía y armonía, tan perfectamente que era… ella, su bailarina, la que había descrito en sus letras. Con algún tipo de hechizo había escapado a la realidad.

Las piernas del castaño se movieron por su cuenta y avanzaron, olvidándose de su propia discreción, querían ver más. Pero no llegó demasiado lejos, a veces la naturaleza traicionaba a los hombres. El sonido de una rama, ocasionado por sus pies, hizo que la atmósfera se terminará. – Lo… lamento, no era mi intención asustarte…


Le sonrió, de forma particular, con aquella sonrisa que no solía asomarse por sus labios. Ese tipo de sonrisa que inspira confianza a las personas. Una semana es lo que había pasado, él había contado los días. Siempre contaba los días, el tiempo era relativo, pero se dividía. – Me alegra que escuchar que estés mejor. – musitó, pues utilizar la palabra “bien” en su oración no era del todo factible. Entonces la sonrisa del castaño se acrecentó cuando le escuchó con lo del baile, desvió la vista unos segundos para darle su espacio y luego volvió a atisbarla. – Uno recuerda los eventos extraordinarios. – musitó con sinceridad, pero con una sonrisa en el rostro. Uno recuerda los eventos y las personas extraordinarias, esa sería la oración completa. – Bien, bien, gracias. He merodeado un poco más por la ciudad, así he conseguido un apartamento más grande, ya sabes, para mi gato y yo. – respondió, recordaba haberle hablado de Ringo, después de todo, él era su única compañía.
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Re: Till there was you

Mensaje por Nadège L. Fairclough el Dom Ene 27, 2013 2:45 am

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Cúantas veces la rubia deseó tener un consuelo concreto a su lado, alguien que realmente le diera la confianza para olvidar sus penas, o más bien, abrirle los ojos y de esta forma, indicarle que eso no era lo correcto que podía ser difícil las sorpresas de la vida, pero a la larga habría una solución y no debía mortificarse... Pero ese apoyo nunca estuvo. Ni siquiera, con su hermana, ni mucho menos abarcando el tema de su hermanastro. Sin embargo, si se hacía un viaje por el tiempo, remontándose a unos cuántos años atrás, la joven ya había tenido que experimentar el hacer frente al mundo real, al cruel mundo real, debido a que su hermana había comenzado a forjar su propio camino y ahora sería ella, la menor, la que debería pensar en el suyo, en su futuro. De allí que la fantasía y la felicidad descrita en cuentos, novelas y canciones, formaron a ser parte de la vida de ella, por más que crecía, más su imaginación se ampliaba... Mas, muchas veces, la realidad tenía un mejor ataque que lograba romper todo tipo de escudo, y en esos momentos, era donde el dolor era más fuerte.

Solo su mejor amigo, el "jefe" de The Rainbow Box, era el que en ocasiones hacía de la realidad un tema más apacible y fácil de sobrellevar. No obstante, ese día ni él mismo había podido detenerla, o tal vez, lo habría hecho para hacerle ver que todo dependía de ella. Pero Nadège temía abrir los ojos, prefería escapar... Escapar y, ¿cómo era posible que ese castaño le diera un aliento de alegría? ¿Quién era él que conseguía aquello?

Así fue como nadie más que su mejor amigo, la vio bailar. Era un secreto y un don que seguía latiendo en su corazón, y que por costumbre, sabía ocultar muy bien. No era que no confiara en su familia, ni en su hermana... Solo que, era algo personal, algo propio y que con las situaciones pasadas, no le daba la suficiente seguridad para dárselos a conocer algún día a ellos. Después de todo, no siempre estaba todo el tiempo presente, sino que afloraba cuando realmente algún evento importante le animaba... O incluso, como táctica de un profundo desahogo. Y eso justamente, había sucedido aquél día, que ya era hora de salir a flote. Mas, nunca esperó que su danza la fuera a contemplar una persona en especial, mucho menos, un chico al que jamás había visto.
La vergüenza la invadio y los deseos de correr, estuvieron apunto de volver a evadirla de esa nueva realidad, pero no le hizo caso. Nadège bajó su mirada y tapó sus labios con su mano derecha empuñada, al instante en que sus mejillas se tiñeron de un rosado más llamativo que de costumbre en su rostro; claro motivo de no saber en dónde meterse en aquél acto– No... No te preocupes, fue mi culpa... No me fijé que estabas cerca... –Murmuró suavemente, alzando de a poco la vista, intentando tomar confianza en la situación.


La sonrisa de William era reconfortante, era de esas sonrisas que parecían brillar por su propia cuenta y que al parecer, no eran muy comunes de ver. Sonrió un tanto más agradecida por sus palabras y tomo más conciencia de ello; él tenía razón, extrañamente la tenía, quizás no habría estado bien, pero estaba mejor, o pronto lo estaría. Ese percance la hizo bajar la mirada al césped que allí había, mas antes de seguir pensando en algo semejante, la segunda respuesta del muchacho retornó su mirada a la de él– Bueno, tienes razón... –Quiso entonces corregir que aquél baile no había sido un motivo necesario para llamarle extraordinario, mas, no tenía razón para contradecir al muchacho o no tenía ánimos para discutir algo tan trivial como su pensar con respecto a aquello– Me da gusto saber que me recuerdas de una manera diferente... –Sonrió ampliamente, también con sinceridad. Escuchó con atención lo que el joven le contaba y le alegró bastante saber sobre ese progreso; tenía en cuenta que el castaño era un turista, pero eran buenas noticias saber que había encontrado un departamento donde le daría la comodidad y probablemente, el deseo de quedarse más tiempo en la ciudad. Se rió ligeramente y corrió delicadamente unos mechones que el viento había llevado hasta su rostro, dejándolos atrás de su oreja– ¿En serio? ¡Que bueno!... Oh, ¿Ringo, verdad? –Dudó un poco– De seguro así estarán más cómodos... Y podrás visitar la ciudad mucho más, hay bastantes lugares bonitos, bueno, los preferidos para mí son los naturales –Rió ligeramente, encogiéndose de hombros– Me alegra saber que están bien... –Asintió suavemente con su cabeza y dirigió su mirada hacia el cuadernillo que tenía consigo– ¿Estabas escribiendo algo? –Se acercó un poco, pero creyendo que no tenía el permiso para leer, prefirió observarle a él.


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Re: Till there was you

Mensaje por William J. Adderley el Mar Ene 29, 2013 11:02 pm


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Nadège L. Fairclough || Medio día || Rio "Tillhomt"

No es la forma en la que baila. No es la forma en que su cabello se mueve contra el viento. No es el sol que resplandece en su piel. No es la brisa. No es la calma. No es el movimiento. No es la pasividad. No eres tú, ni soy yo, es ella. Sólo ella.

Recordaba, una y otra vez la frase que había aparecido en su mente, como una lluvia de ideas perfectamente armada, como si el inicio de una historia, sobre una chica, comenzara a hacerse presente. Entonces recordaba, de nueva cuenta, como la idea le había venido a la mente: era tan sólo un muchacho de catorce años, un niño para ojos de los demás, sin embargo, la educación de su madre le había formado en la escritura y la lectura a una edad muy temprana. Le había abierto el mundo de una forma muy diferente y la influencia de su padre también fue importante, la visión del arte le formó una muy amplia percepción de ideas y conceptos. Por ello, aquella idea le vino a la mente una tarde de forma inusual, de una manera tan poco común que pocos lo creerían. Pero, era él, el que se inspiraba con el aire, con el sol, con la luna, con las estrellas, con la vida. Y la combinación de todas estas fue lo que la creó. De forma tan perfecta, tan estética, tan pensada que nunca, nadie le haría justicia… hasta hoy.

William se había quedado paralizado, con la boca entreabierta y los sentidos a flote, respirando de forma mecánica y pestañeando apenas. Recordaba cómo se respiraba y el sonido del palpitar del corazón, quizá por esa razón se mantuvo consciente.

“¿Will? ¿Will?”

Recuperó el habla para darse cuenta que se había transportado a momentos muy lejanos, tan lejanos que creía haber olvidado a la mujer que había creado. – No, yo… no debí interrumpirte. – reiteró, acomodándose la chaqueta. Respirando, pestañeando, ya se hacía con más naturalidad. – Lo lamento… es sólo que… me recordaste a alguien. – se excusó de inmediato y trató de ladear una sonrisa. Decían que no había mejor forma de transmitir confianza, esperaba que fuera cierto. – Y… es un gran baile. – añadió de forma amable, no era algo que tenía que decir, no era algo ensayado a pesar de que se lo había imaginado cientos de veces, a pesar de todo estaba siendo natural.

Es que eres diferente. Quiso responder con esa oración, cuatro palabras no le harían justicia tampoco, pero tampoco lo dijo y tan sólo sonrió, aunque esta vez no duró tanto, pensaba que sonreír en demasía no sería más que una prueba de hipocresía. – Sí, Ringo. – confirmó, aquel gato negro parecido a una pantera en miniatura, a veces le sorprendía querer tanto a algo tan pequeño. – Entonces quizá, a la próxima, puedas mostrarme tus escenarios favoritos en esta ciudad. Soy un turista con ganas de conocer. – sugirió, aunque esperaba que no se tomará a modo de broma, era en serio, le gustaría compartir una tarde con ella, algo planificado y no encuentros después de semanas. Sí, era una locura. – Oh, esto… es – le acercó la libreta, con las primeras palabras de su escrito. – Algo que escribí cuando era muy joven, mucho antes de que mi her… hace mucho tiempo. – le contó y dejó que leyera, si es que así quería hacerlo, las primeras líneas. No podía adivinar que era ella, es decir… que la había descrito antes de conocerla.

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Re: Till there was you

Mensaje por Nadège L. Fairclough el Miér Ene 30, 2013 12:29 pm

Till there was you

Medio día || 22/01/13 || Río "Tillhomt" || Despejado || William J. Adderley

¿Cómo era posible que algo como aquello fuera a suceder? No podía ser del todo normal. En primer lugar, a dicho sitio no lo frecuentaba mucho la gente, sino en uno que otro paseo y en fin de semana tal vez, pero al parecer su percepción era errónea. Se suponía que lo más normal era que, luego de acabar con su baile, el alma la tuviera tan limpia que en su anonimato, volviera mucho mejor a casa, con el tema ya olvidado y "superado", sin embargo, el mismo destino le había jugado una sorpresa. Y por muy cruel que fuera, no tenía opción, ya no había tiempo para seguir escapando, ni mucho menos para retractarse de lo que había hecho. ¿Sería motivo de risa para el muchacho los siguientes días? ¿Tendría más de una crítica que hacerle por sus movimientos?...
No. Él simplemente se quedó allí, observándola, con una ingenuidad que por años, jamás había visto en una persona –sin tomar en cuenta a su mejor amigo–; esa mirada que le transmitía una profundidad que parecía atravesarla, no cruelmente, sino como si de pronto ella fuera algún objeto al que él nunca esperó encontrarse... o que estaba esperando por hacerlo. Y su inseguridad dominante, parecía de pronto ceder, ante la situación o tal vez, ante las palabras sinceras del castaño. Sus mejillas seguían con cierto toque de rubor y su mirada, seguía relativamente avergonzada. Negó un par de veces– No te preocupes... está bien –Intentó calmarse también– Oh... vaya –Respondió suavemente dirigiendo su mirada al suelo. Le brindaba cierta calma, pues ya no era ella el objetivo extraño, sino que simplemente podía ser el reflejo de alguien que él tuviera en su mente y que habría retornado a la realidad con su simple presencia. Era solo eso... Pero su siguiente comentario, fue lo que nuevamente hacía de aquello algo diferente.

El corazón de la rubia, pareció ser atravesado por alguna ráfaga potente de emoción. ¿Era cierto lo que le decía?; parecía serlo. Pero ese no era el punto: él que siendo un desconocido, había calificado como valioso algo que toda su vida las personas habían desacreditado. Entonces, la vergüenza por un momento quedó de lado y una mirada casi destellante, fijó en los ojos del castaño– ¿De verdad lo crees así?... –Bajó lentamente su mano, hasta juntarla con la otra que jugaba involuntariamente, con los encajes de su vestido blanco– Muchas gracias... –Agradeció con humildad. Sin poder evitarlo, le dedicó una de esas sonrisas espontáneas y dulces que le nacían cuando estaba contenta.


Afirmó con su cabeza, ante su confirmación sobre el nombre del gato. Se lo imaginó y sonrió un tanto enternecida, murmurando– Que adorable... –Sin hacer mucho énfasis. Siempre le habían parecido una gran admiración los animales, pues, solía encariñarse mucho con ellos, por esa razón fue que dejó de tener mascotas, en parte, por sugerencia de sus padres; ya que cuando éstas se perdían o morían, la joven sufría mucho por ello. Por otro lado, la idea de que se interesara en indagar por la ciudad, le despertaba una extraña emoción en su corazón; la misma que no demoró en manifestarse en su mirada entusiasta hacia el joven– ¡Por supuesto que sí! –Aceptó de inmediato– Tú solo dime y te llevaré a los lugares que conozco, y que me gustan de aquí. Créeme que no te decepcionarás de haber venido aquí... –Respondió con entusiasmo. Si bien, ella no se sentía la mejor guía para turistas del planeta, sabía que sería como cuando los niños descubren un nuevo tesoro o sueñan con que llegan a las tierras de éstos. No había considerado eso antes, pero con esta nueva oportunidad, de seguro no lo dejaría pasar; él más que nadie parecía encantarse con lugares como aquél y no habría excepción con los otros que allí habían... Serían otra fuente de inspiración, probablemente.

Volvió a bajar su cabeza para fijarse en la libreta que él ahora con su permiso, le ofrecía para leer; pero su inesperada frase entrecortada, le dio curiosidad, que inevitablemente hizo entrever, en su propia mirada. Se le quedó mirando a los ojos unos instantes, como si en ellos encontrara la continuación de aquellas palabras restantes; Nadège a veces prefería solo observar y no molestar con preguntas, como era en dicho caso. Pero no hizo más, que sonreírle de forma comprensiva y así, luego volver al tema inicial: la libreta. Siguió con sus ojos la lectura y una sonrisa maravillada se dibujo esta vez en sus labios– Vaya... Que bonito escribes, o sea... me gusta cómo te expresas –Comentó sinceramente, alzando de a poco su vista de nuevo.
Repentinamente, otra brisa hizo su presencia en el lugar, remeciendo lo que estaba a su paso; entre ello, el cabello que la rubia había dejado sujeto tras su oreja, y por consiguiente, las hojas de la libreta del castaño, casi dejando perdidas las páginas que él tenía abiertas. Entonces, le surgió una idea de pronto, aún percibiendo entre sus dedos la hoja que habría llegado a ella hace unos minutos antes; así que por iniciativa propia, retornó las páginas perdidas a la vista de ambos y entre ellas, depositó la hoja con cuidado, quedando incrustada en la libreta. Sonrió ampliamente y le observó atenta– Un separador de páginas, nunca viene mal –Argumentó con cierto toque risueño e inocente en su sonrisa.


.




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Re: Till there was you

Mensaje por William J. Adderley el Dom Feb 03, 2013 10:32 pm


till there was you
Nadège L. Fairclough || Medio día || Rio "Tillhomt"

"La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma."

El encanto de un instante, de un instante que, no obstante, parecía una eternidad. Una sinónimo más del tiempo que no le resultaba desagradable, un estado del tiempo que podía parecer tan sólo una falacia; sabía que mirar tan sólo por mirar podía llevarlo a engañarse, pero los sentimientos no solían ser tan traicioneros, él no se permitía que lo fueran, los había educado de esa manera desde el momento en que lo habían hecho adolecerse cada tarde en su habitación, pensando en una y en mil maneras de solucionarlo, aunque nunca encontró una solución para ello. Jamás. Lo que quería decir ahora quizá podría no ser más que una justificación, pero sabía que no era así, porque su corazón no se aceleraba por nadie, no lo había hecho por nadie en demasiado tiempo, tanto que le costaba creer que ahora lo estuviese haciendo.

Miró hacia abajo, negando con la cabeza por algunos segundos. No sabía de dónde habían venido esos pensamientos. Ladeó una sonrisa y volvió su vista, hacia el frente, tratando a pesar de todo de no seguir perturbando la danza en que trabajaba. Aunque ahora a esa situación no debería de tomarle demasiada importancia, ya había interrumpido y muy difícilmente ella volvería a iniciar sabiendo que él andaba merodeando por ahí. Ya no tenía caso preocuparse.

– Sí, en serio, es muy bueno. – musitó el castaño de forma inmediata, sonriendo todavía con más naturalidad, ya que quería que le creyera por completo. - ¿Eres bailarina? – se atrevió a preguntar, sabiendo que debería haber esperado. – Lo siento, puede que eso sea muy personal. – dijo de inmediato, acomodándose el saco gris que llevaba puesto. – Soy William Adderley. – se presentó, levantando la mano, quizá eso es lo primero que debería haber dicho, pero se había quedado un tanto paralizado al observarla.


Adorable. De todas las palabras que tenía el diccionario esa sería, quizá, la que menos utilizaría para referirse a su gato, después de todo, ese pequeño era como todos los de su especie, algo perezoso y un tanto egocentrista, muchas veces al llegar le miraba de mala manera, pero, de cualquier forma, él seguía ahí, esperándolo a diario, así que sí, era adorable. – Tal vez puedas conocerlo luego, seguro estará encantado contigo. – musitó el castaño, estaría encantado de ver a alguien más que a Will seguramente, la última mujer que lo había cargado y mimado había sido Zephyr, su hermana menor. – Te creo, entonces esperaré la tarde que tengas libre, por mi tiempo no hay ningún problema. – agregó casi de forma inmediata, puesto que él no tenía demasiadas cosas que hacer, se preocuparía más por el tiempo que le robaría a la rubia. Además, no pudo evitar ladear de nuevo una sonrisa al notar la emoción en sus palabras al querer enseñarle todo a su alrededor, era demasiado agradable. – Es bueno escuchar eso, sobre todo si quiero dedicarme a ello. – confesó William sin darle demasiada importancia, aunque en realidad tenía toda la relevancia del mundo. Podía dudar de cada acción, pero jamás acerca de lo que quería dedicarse. – Un separador bastante particular. – agregó con una sonrisa y se atrevió a levantar la mano para acomodarle el cabello detrás de la oreja. – Lastima que no haya un separador para esto. – susurró, perdiéndose por un momento en sus ojos, tan perfectos, tan parecidos a los de su bailarina que costaba centrarse en algo más que no fueran ellos.

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Re: Till there was you

Mensaje por Nadège L. Fairclough el Lun Feb 04, 2013 11:53 pm

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Medio día || 22/01/13 || Río "Tillhomt" || Despejado || William J. Adderley

En su adolescencia, siempre se había distinguido como la muchacha callada, tranquila y de buenas notas, pues no tenía opción, siempre eran las otras chicas las que brillaban en otros aspectos, y en el ámbito de relacionarse con chicos, tampoco era una excepción. Veía casi a diario, la facilidad que tenían las otras chicas para hacerlo, e interiormente, se cuestionaba por qué ella no podía hacerlo... ¿Acaso eran sus miradas coquetas las que los atraían? ¿Sus acercamientos un tanto provocativos a veces? ¿Sus palabras y dialecto que todos comprendían tan bien?... Podía ser todo ello a la vez. Pero sí o sí, se creía incapacitada para agradar a algún chico, por ser diferente, por ser tímida y a veces torpe... por ser, ¿ella misma? Sí, una chica totalmente contraria a sus semejantes. Esa situación no podía importar, mas, se volvía compleja cuando de gran facilidad para "enamorarse" se trataba, como justamente le sucedía a ella. Por esa razón, muchos se burlaron y jugaron con sus sentimientos, que si hubiera una cuenta regresiva de todas las veces que su corazón pareció volverse añicos, se perdería seguramente la contabilidad.

De esta forma, ya se había acostumbrado a tener una conducta tímida y ciertamente, insegura frente a los chicos. Sin embargo, unos podían brindarle la confianza necesaria para demostrar que solo era una faceta más y un escudo que tenía, como le sucedió con su mejor amigo... Y ahora, con este extraordinario desconocido, que lentamente parecía hacerlo conocido en su mente y corazón. Sus ojos se entrecerraron un tanto, al producirse en su rostro una sonrisa más animada que cordial– Muchas gracias... –Dijo suavemente. Parecía que no se cansaba en agradecer, mas sencillamente le parecía imposible dejar de hacerlo, con tanto halago y palabra cortés del joven– Aunque... hay muchas más que son mucho mejor que yo... –Confesó en un tono, más que sincero, triste. Bajó por ello su mirada y suspiró imperceptiblemente. Asintió después con su cabeza y volvió a mirarlo a sus ojos sonriente– Sí, lo mejor es hacerlo y no quedarse guardado con nada... –Argumentó con una sonrisa sencilla. Ella, más que nadie, sabía lo complicado que se volvía llevar tanto tiempo guardando y ocultando algo en el corazón, porque en un determinado momento éste se llenaba y explotaba cuando menos lo esperaba, y eso no hacia para nada bien a la salud. Sujetó la mano del castaño sutilmente y luego la separó con la misma sutileza ocupada, observándole además, con una amable mirada que intentaba hacer frente a esos profundos ojos que en cualquier momento –y más si la pillaban desprevenida– la harían ponerse nerviosa.

Escuchó su pregunta y eso distrajo un poco a la rubia, obligándola a contemplar por una fracción de segundos, el lugar en el que ambos se hallaban– Pues, de vez en cuando vengo aquí... Me gusta este lugar, de pequeña que lo visito... –Confirmó con un asentimiento de cabeza y una notoria sonrisa nostálgica, para luego regresar su vista a la de él. Se sorprendió al enterarse de que se trataba de un turista, era la primera vez que se hallaba con uno y eso le causaba una curiosidad casi infantil– Vaya y... –Antes de responder completamente, fue interrumpida por el castaño, dibujándose en el rostro de la rubia otra sonrisa– ¡Claro que sí! Caminemos... –Respondió sonriente– ¿De dónde vienes? ¿Y qué te trajo aquí? –Le interrogó amablemente, comenzando a caminar junto a él– Lamento si te interrogo tanto, es que nunca me topé con un turista y me llama la curiosidad –Soltó una leve risa inocente, que pareció iluminar más su rostro. Era de esas risas espontáneas que en cualquier momento le salían y en los momentos, más inesperados.


Rió ligeramente por su comentario y se posó un poco las manos sobre su rostro, negando un poco con su cabeza a modo risueña. Sonaba extraño que un animal llegara a odiar a un humano, pero en la mente de Nadège no parecía ser del todo improbable– Si tú me lo confirmas... Solo lo creo como advertencia, pues, ya he tenido malas experiencias con gatos, por ahí tengo mala suerte con los felinos –Se encogió de hombros, casi creyendo esa superstición, mientras bajaba sus manos de regreso a sus rodillas. Se imaginó cómo sería el día en que lo llevara a su trabajo y se sonrió– Es un lugar bastante cómodo y las personas son bastante amables, mi jefe, que es mi mejor amigo, de seguro te recibirá muy bien... –Le comentó con entusiasmo– Allí soy diseñadora de moda... –Repuso al no recordar del todo, si ya le había mencionado a lo que se dedicaba completamente. Sabía que sería una gran idea, todo lo que fuera relacionado al castaño parecía serlo. Una sonrisa entusiasta volvió a aparecer en su rostro cuando él le propuso que podría dedicarle un escrito– ¿En serio? Me encantaría... Sería un honor para mí... –Asintió de acuerdo a ello– Yo quizá podría regalarte alguna chaqueta o una camisa, sería un placer –Dijo con sencillez.

La muchacha llegó a sentir el contacto de la piel cálida de la mano de William, con la suya, que estaba más tibia por el fresco viento que corría; interiormente sintió un relativo escalofrío que le recorrió lo más breve de su cuerpo, pero ante todo fue agradable. Jamás se había sentido así antes y la delicadeza del joven, sin duda le parecía algo adorable. Sonrió entonces, con más dulzura por sus palabras– Muchas gracias... tú también, no dudes jamás que estaré cuando me necesites... siempre –Aseguró con seguridad. De esas ocasiones, Nadège jamás dudaría ni mucho menos, tendría algún hilo de inseguridad, allí parecía ser la persona con más certeza del mundo. No obstante, su última pregunta no se lo esperaba y por más que ella quisiera ocultarlo, su expresividad siempre le jugaba en contra, como justamente fue que su sonrisa se tornó mínima y su mirada se perdió unos segundos en el césped. Sí, él seguía allí en su mente y ahora más que nunca había vuelto, no con una imagen solamente, sino con un pesar al corazón también– Pues... –Murmuró, pensando aún en la respuesta. ¿Le diría la verdad? ¿O mejor le mentiría? Él no merecía ni saber la verdad, ni ser mentido... Pero no quería preocuparlo, ni amargar su día con sus problemas. No tenía opción. Tragó saliva– Vine... porque, necesitaba encontrarme... Tuve un problema familiar, otra vez... y... –Se sinceró palabra por palabra, interrumpiéndose un par de segundos, para tragar el nudo que se le iba formando en la garganta al regresar la pena– Solo quería escapar... –Terminó de decir. Era un gran trabajo, eso jamás habría sido capaz de confesárselo a alguien, por muy querido que hubiera sido. Sin embargo, ya estaba allí y no sería justo seguir escapando...


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Última edición por Nadège L. Fairclough el Dom Feb 10, 2013 2:49 pm, editado 1 vez




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Re: Till there was you

Mensaje por William J. Adderley el Sáb Feb 09, 2013 8:31 pm


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Nadège L. Fairclough || Medio día || Rio "Tillhomt"

Life is rich, but it’s way too short

La última vez que William Adderley se había sentido tan relajado y en paz había sido hace ya unos cuantos años. Tal vez esperarías escuchar que antes de la pérdida de su hermana, pero esta ocasión esa no era la respuesta correcta. Recordaba que después de ese incidente se había sentido perdido, olvidando hasta su nombre y de la manera en que se respiraba, había sido una suerte que el humano pudiera hacerlo sin pensarlo; y, en ese momento, no había sentido nada, ni paz, ni odio, nada, aunque no era relajación. William había pasado más de una semana sin ningún sentimiento hasta que su padre había tomado las riendas del asunto – por una vez en la vida – y le había conseguido ayuda, una doctora francesa que vivía cerca de Texas. Al hablar con ella se había sentido en paz, tan sólo esa vez. Hasta ahora. Ahora podía sentir como el viento, que alborotaba un poco su cabello, se llevaba la preocupación sin explicación que había sentidos las últimas semanas. En este momento se sentía tan, tan ¿qué palabra podría hacerle justicia a este sentimiento? Vivo, se sentía vivo.

Sus labios se curvaron, formando una sonrisa poco usual, mas no parecía una mueca, porque no lo era, era simplemente una forma de afirmar lo que antes había dicho, algo para que reafirmar sus palabras para que se las creyera, había sido un excelente baile y no tenía por qué mentirle. Además, le hubiera gustado añadir muchas oraciones más, el explicarle qué es lo que le había provocado, pero no podía hacerlo, a cambio de las palabras estaba esa sonrisa. – Pues serías una excelente bailarina. – musitó de forma más tranquila, después de todo decían que las personas debían dedicarse a lo que eran buenas, él tan sólo esperaba ser igual de bueno con las letras. – Todos necesitamos expresarlo… de alguna forma. – él utilizaba las letras, aunque eso ya lo había mencionado. – El placer es mío, Nadége. – añadió, atisbando sus ojos ahora de una forma muy cercana, perdiéndose de nuevo. Soltando su mano con delicadeza, como queriendo estar así para siempre. – Entonces, ¿vienes por aquí? – preguntó, ya que no quería que la conversación quedará ahí. – Yo soy nuevo en la ciudad, es decir, tan sólo estoy de visita. – confesó para transmitirle confianza. - ¿Te… gustaría caminar un poco? – añadió, sin dejarle responder, pero sería mejor moverse que estar ahí, parados.


Sería imposible que te odiara. – dijo, creyendo que esa era una posibilidad del todo imposible, nadie podría odiar a Nadége, era inverosímil odiar a su bailarina. Aunque, Ringo… era una gato bastante especial, especialmente hostil.

En cuanto a su salida, no podía evitar pensar en ello como una cita, una palabra que solía emocionar a más adolescentes que adultos, pero que, algunas veces, alegraba a escritores de veinte años. – Eso me parece perfecto, me gustaría conocer en dónde trabajas. – musitó el castaño, después de todo él ya había dicho que quería o era escritor, aunque ahora lo hacía de forma independiente. Quizá, en un futuro podría publicar un buen libro, hacer algún reportaje, escribir la biografía de alguien, hacer algo más allá… Quizá. – Entonces podría dedicarte alguno. – dijo, aunque técnicamente ella estaba plasmada en uno de sus escritos, era su bailarina.

William se había demorado en su cabello, acomodándolo detrás de su oreja de una forma demasiado delicada, como si temiera hacerle daño con un movimiento incorrecto. Sintió su piel, suave y tersa, tan… y esos ojos, no había forma de volver a la realidad luego de atisbarlos de cerca. Las emociones no solían presentarse en el muchacho, al menos no todas juntas, haciéndolo sentir algo que nunca antes. Terminó por bajar su mano de forma muy lenta, aunque no se había dado cuenta de la cercanía que ahora compartían. Volvió a la realidad hasta que sintió sus labios en la mejilla. – Cuando me necesites. – y aunque no me necesites. – “Tú puedes contar conmigo, no hasta dos, ni hasta diez, sino contar conmigo. “- citó y terminó por sonreír, desviando la mirada por tan sólo unos segundos. - ¿Y… hoy que te trajo al río?



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Re: Till there was you

Mensaje por Nadège L. Fairclough el Dom Feb 10, 2013 2:55 pm

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Medio día || 22/01/13 || Río "Tillhomt" || Despejado || William J. Adderley

En su adolescencia, siempre se había distinguido como la muchacha callada, tranquila y de buenas notas, pues no tenía opción, siempre eran las otras chicas las que brillaban en otros aspectos, y en el ámbito de relacionarse con chicos, tampoco era una excepción. Veía casi a diario, la facilidad que tenían las otras chicas para hacerlo, e interiormente, se cuestionaba por qué ella no podía hacerlo... ¿Acaso eran sus miradas coquetas las que los atraían? ¿Sus acercamientos un tanto provocativos a veces? ¿Sus palabras y dialecto que todos comprendían tan bien?... Podía ser todo ello a la vez. Pero sí o sí, se creía incapacitada para agradar a algún chico, por ser diferente, por ser tímida y a veces torpe... por ser, ¿ella misma? Sí, una chica totalmente contraria a sus semejantes. Esa situación no podía importar, mas, se volvía compleja cuando de gran facilidad para "enamorarse" se trataba, como justamente le sucedía a ella. Por esa razón, muchos se burlaron y jugaron con sus sentimientos, que si hubiera una cuenta regresiva de todas las veces que su corazón pareció volverse añicos, se perdería seguramente la contabilidad.

De esta forma, ya se había acostumbrado a tener una conducta tímida y ciertamente, insegura frente a los chicos. Sin embargo, unos podían brindarle la confianza necesaria para demostrar que solo era una faceta más y un escudo que tenía, como le sucedió con su mejor amigo... Y ahora, con este extraordinario desconocido, que lentamente parecía hacerlo conocido en su mente y corazón. Sus ojos se entrecerraron un tanto, al producirse en su rostro una sonrisa más animada que cordial– Muchas gracias... –Dijo suavemente. Parecía que no se cansaba en agradecer, mas sencillamente le parecía imposible dejar de hacerlo, con tanto halago y palabra cortés del joven– Aunque... hay muchas más que son mucho mejor que yo... –Confesó en un tono, más que sincero, triste. Bajó por ello su mirada y suspiró imperceptiblemente. Asintió después con su cabeza y volvió a mirarlo a sus ojos sonriente– Sí, lo mejor es hacerlo y no quedarse guardado con nada... –Argumentó con una sonrisa sencilla. Ella, más que nadie, sabía lo complicado que se volvía llevar tanto tiempo guardando y ocultando algo en el corazón, porque en un determinado momento éste se llenaba y explotaba cuando menos lo esperaba, y eso no hacia para nada bien a la salud. Sujetó la mano del castaño sutilmente y luego la separó con la misma sutileza ocupada, observándole además, con una amable mirada que intentaba hacer frente a esos profundos ojos que en cualquier momento –y más si la pillaban desprevenida– la harían ponerse nerviosa.

Escuchó su pregunta y eso distrajo un poco a la rubia, obligándola a contemplar por una fracción de segundos, el lugar en el que ambos se hallaban– Pues, de vez en cuando vengo aquí... Me gusta este lugar, de pequeña que lo visito... –Confirmó con un asentimiento de cabeza y una notoria sonrisa nostálgica, para luego regresar su vista a la de él. Se sorprendió al enterarse de que se trataba de un turista, era la primera vez que se hallaba con uno y eso le causaba una curiosidad casi infantil– Vaya y... –Antes de responder completamente, fue interrumpida por el castaño, dibujándose en el rostro de la rubia otra sonrisa– ¡Claro que sí! Caminemos... –Respondió sonriente– ¿De dónde vienes? ¿Y qué te trajo aquí? –Le interrogó amablemente, comenzando a caminar junto a él– Lamento si te interrogo tanto, es que nunca me topé con un turista y me llama la curiosidad –Soltó una leve risa inocente, que pareció iluminar más su rostro. Era de esas risas espontáneas que en cualquier momento le salían y en los momentos, más inesperados.


Rió ligeramente por su comentario y se posó un poco las manos sobre su rostro, negando un poco con su cabeza a modo risueña. Sonaba extraño que un animal llegara a odiar a un humano, pero en la mente de Nadège no parecía ser del todo improbable– Si tú me lo confirmas... Solo lo creo como advertencia, pues, ya he tenido malas experiencias con gatos, por ahí tengo mala suerte con los felinos –Se encogió de hombros, casi creyendo esa superstición, mientras bajaba sus manos de regreso a sus rodillas. Se imaginó cómo sería el día en que lo llevara a su trabajo y se sonrió– Es un lugar bastante cómodo y las personas son bastante amables, mi jefe, que es mi mejor amigo, de seguro te recibirá muy bien... –Le comentó con entusiasmo– Allí soy diseñadora de moda... –Repuso al no recordar del todo, si ya le había mencionado a lo que se dedicaba completamente. Sabía que sería una gran idea, todo lo que fuera relacionado al castaño parecía serlo. Una sonrisa entusiasta volvió a aparecer en su rostro cuando él le propuso que podría dedicarle un escrito– ¿En serio? Me encantaría... Sería un honor para mí... –Asintió de acuerdo a ello– Yo quizá podría regalarte alguna chaqueta o una camisa, sería un placer –Dijo con sencillez.

La muchacha llegó a sentir el contacto de la piel cálida de la mano de William, con la suya, que estaba más tibia por el fresco viento que corría; interiormente sintió un relativo escalofrío que le recorrió lo más breve de su cuerpo, pero ante todo fue agradable. Jamás se había sentido así antes y la delicadeza del joven, sin duda le parecía algo adorable. Sonrió entonces, con más dulzura por sus palabras– Muchas gracias... tú también, no dudes jamás que estaré cuando me necesites... siempre –Aseguró con seguridad. De esas ocasiones, Nadège jamás dudaría ni mucho menos, tendría algún hilo de inseguridad, allí parecía ser la persona con más certeza del mundo. No obstante, su última pregunta no se lo esperaba y por más que ella quisiera ocultarlo, su expresividad siempre le jugaba en contra, como justamente fue que su sonrisa se tornó mínima y su mirada se perdió unos segundos en el césped. Sí, él seguía allí en su mente y ahora más que nunca había vuelto, no con una imagen solamente, sino con un pesar al corazón también– Pues... –Murmuró, pensando aún en la respuesta. ¿Le diría la verdad? ¿O mejor le mentiría? Él no merecía ni saber la verdad, ni ser mentido... Pero no quería preocuparlo, ni amargar su día con sus problemas. No tenía opción. Tragó saliva– Vine... porque, necesitaba encontrarme... Tuve un problema familiar, otra vez... y... –Se sinceró palabra por palabra, interrumpiéndose un par de segundos, para tragar el nudo que se le iba formando en la garganta al regresar la pena– Solo quería escapar... –Terminó de decir. Era un gran trabajo, eso jamás habría sido capaz de confesárselo a alguien, por muy querido que hubiera sido. Sin embargo, ya estaba allí y no sería justo seguir escapando...


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Re: Till there was you

Mensaje por William J. Adderley el Sáb Feb 16, 2013 7:51 pm


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He's a real nowhere Man,
Sitting in his Nowhere Land,
Making all his nowhere plans
for nobody.

De ninguna parte, él ya no formaba parte de ninguna parte. Hacía ya unos meses que había dejado de considerarse un muchacho que había nacido y crecido en Texas, aunque lo había sido o, mejor dicho, lo era. Era un muchacho que se había educado en esas calurosas tierras, bajo el cuidado de sus padres; padres poco comunes y al mismo tiempo igual que todos, progenitores preocupados por el futuro de ellos, haciendo el mejor esfuerzo por ellos. Pero las situaciones cambiaban cuando… la vida ya no era la misma, cuando eso ocurría, los hijos se convertían en hombres, el hombre de ninguna parte. Ejemplo de ello era William Adderley, yendo de un lugar a otro sin esperar encontrar nada ni nadie, al menos eso pensó cuando pisó tierras neoyorquinas, quizá podía equivocarse. Una parte de él deseaba equivocarse, sobre todo al observar a la rubia que se encontraba frente a él.

– Puede ser, pero eso no te quita ninguna de tus cualidades. – respondió con una sonrisa ladeada. Siempre había una persona mejor que otra, tanto de actitud como de aptitud, pero cada una de esas personas tenía defectos y virtudes. Entonces, ninguna era mejor que otra. Él mismo sabía que había muchísimos autores más que eran superiores a él, pero eso no podía lograr denigrar las ideas que le ayudaban a crear esos mundos.

Él podía expresar cada uno de sus sentimientos mediante las letras, pero era del todo difícil pronunciarlo con palabras, frente a alguien. Eso, sí le resultaba bastante complicado y, a veces, no había forma de modificar esa conducta. – ¿Solías? – preguntó un tanto interesado en ese hecho, quizá no debía de ser tan directo, pero no podía evitarlo. - ¿De dónde vengo? De ninguna parte. He viajado tanto los últimos años que apenas recuerdo, el último viaje fue en Francia, aunque creo recordar que nací en Texas. – respondió encogiéndose de hombros. – Sinceramente no hay una razón específica que me haya traído a este sitio, simplemente la moneda cayó en esta parte del mundo. – de forma literal, tenía un mapa y había caído la moneda, por eso había venido aquí. – Puedes preguntar cuanto quieras, creo que puedo responder a todo. – musitó sonriendo.

Sonrió, de nueva cuenta al escucharle hablar acerca de su mala experiencia con los felinos. – Ringo es un gato difícil, pero no es malo, eso puedo asegurarlo. – confirmó entonces, su gato podía ser todo, menos un animal cruel. – Vaya, qué increíble, seguro eres muy buena en lo que haces. – dijo seguro de ello. Además, lo primero que había dicho le había causado cierto interés, dialogar y relacionar con personas de un trabajo era algo que no había hecho en mucho tiempo. – Sería un honor para mí. – repitió al oírle el que le haría una chaqueta. No podía evitar imaginarse más tiempo con ella. ¿Qué? Realmente no sabía por qué habían pensado en ello. Sacudió la cabeza para olvidarse de eso.

Asintió con la cabeza, tan sólo hizo eso, aunque sabía que debería haber hecho o dicho algo más, pero no estaba acostumbrado a ello, no tenía esas muestras con nadie más, no existía persona que le dijera que siempre estaría ahí para él. Esperó hasta escuchar lo que ella tenía que decir, aunque quizá se había equivocado al preguntar aquello, era demasiado personal, estaba a punto de decir que no tenía que decirlo, pero entonces la rubia comenzó a hablar. – Entiendo. – musitó, hacía ya mucho tiempo que no los tenía, pero podía recordarlos a la perfección, después de todo, esa era la razón por lo que había huido, ¿o no? – Sé lo que es huir, es bueno, de vez en cuando. – confesó, después de todo ella le había contado algo difícil, creía debérselo. Aun, con todo y eso, no tenía que contárselo, no era nadie todavía para que lo hiciera. – Siempre que quieras escapar puedes buscarme, a mí y a mi gato, que puedes ver cuando quieras. Ahora, ahora podría ser, claro si quieres. – no sabía ni por qué lo proponía, prácticamente eran conocidos, pero quería distraerla de los problemas.

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William J. Adderley
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